24 de junio de 2008

Un Drexler muy cuate

(David Aguilar, “Grabadora Portátil) La primera impresión que se tiene cuando se escucha a David Aguilar es la de haberse equivocado al leer que se trata de un músico mexicano, y que en realidad se trata de un uruguayo.

Es que si tuviéramos que buscar algún familiar dentro de la música para Aguilar, los primeros que vendrían a nuestra cabeza serian Jorge Drexler y, en menor medida, Fernando Cabrera.

La historia de este chico de Sinaloa es similar a la de muchos otros cantautores hispanohablantes. Empezó haciendo música de protesta, en discos como “Frágil”, “Eco” o “Fotorolas” y poco a poco fue desplazando su campo de acción. Ya en su anterior trabajo, “Tornazul” la protesta habia quedado totalmente relegada a algún verso aislado, en alguna canción perdida del disco.

Antes de escuchar a David Aguilar, quien quiera conocerlo, debe hacerse a la idea de que no se trata de un músico de primera oída. No es uno de esos compositores que enamoran en el primer contacto. De hecho, la primera aproximación puede ser bastante desagradable -dependiendo de la canción que se elija- ya que su voz en general, y su forma de cantar en particular son como mínimo molestas. La voz es una especie de correcaminos o corneta bastante irritante, y su estilo desprende un fuerte tufo a Silvio Rodríguez que cualquier persona en posesión de un oído sabrá repudiar.
Pero una vez que se supera este impacto y uno deja de escuchar la voz y empieza a escuchar las letras el panorama cambia por completo. Sale a flote una poesía muy bien trabajada, aunque peligrosamente lindera a la cursilería en determinados momentos, pero siempre en un nivel compositivo donde hay una propuesta.

Juegos de palabras, "poetización" de cosas cotidianas y metáforas originales son todas armas que Aguilar explota en casi todos los casos con cien por ciento de efectividad. Sin dar la impresión de ser pretencioso, sino la de una extrema simpleza, como si estuviera jugando.

Esa virtud estalla especialmente en canciones como "Casa sola", donde cuenta una separacion describiendo las diferentes partes de su casa, deslizando frases como: “un cuarto frio y sin dolor/ que un rincón del techo heria/ a un tragaluz que se quemo /sobre la puerta carcomida”; tambien en "De largo vi pasar tus dedos", con un tono mas pop, con una lirica mas simple, algo melosa pero indudablemente bonita; o "El tragafuego" (aunque su melodía es una verdadera amenaza) que describe el momento en el que abre el semáforo y el tragafuegos por fin puede descansar, bombardeando con metáforas que vuelven ese hecho trivial, todo un acontecimiento.
Musicalmente, alcanzaría en cierta forma con decir que es un "Drexler mexicano", al menos para los temas mas agradables. La distancia que toma con el uruguayo se encuentra en otras canciones con un ritmo mas acelerado, casi pop. También se diferencian, al menos con el ultimo Drexler, en la instrumentación. Aguilar en todos sus trabajos se acompaña solamente con las cuerdas de su guitarra, a excepción de algún silbido aislado y algún que otro golpecito en la caja de la misma a modo de percusión.

La particularidad de “Grabadora Portátil”, en ese sentido, es que opto por un sonido extremadamente low-fi, lo cual no se entiende demasiado, mas alla de interpretarlo como un intento de parecer mas independiente incluso de lo que ya es.

En definitiva, para los " no iniciados" en este músico Azteca se recomienda acercarse primero a las canciones relajadas, las baladitas tranquilas con letras acarameladas. Solo después de haberse acostumbrado a su particular manera de cantar comenzar a explotar las otras opciones. Si no uno queda espantado por ese detalle y no llega a apreciar las letras, que son sin duda la mejor virtud de Aguilar.

11 de junio de 2008

El tsunami llegó hasta aquí!



Cerati después del Actors Studio.

7 de junio de 2008

De Nueva York a Buenos Aires....



Esta semana, las chicas de De Filias y Fobias brindamos con cosmopolitan.

2 de junio de 2008

Con el futuro en los talones

(Con la muerte en los talones. Alfred Hitchcock) Cary Grant está apurado, sale de su oficina y le roba el taxi a una pareja que está por subir. Esta pequeña mala acción le hace llegar unos minutos más temprano a su cita, su vida se adelanta unos instantes y ya nada será igual. Alguien lo confunde con quien no es y desde ese momento pasa a ser el blanco móvil de policías y malhechores. Ni siquiera su madre le cree que no tiene nada que ver con quienes lo persiguen. Tiene que escapar, no sabe de bien de qué o de quién… si hubiera sido considerado con el prójimo, se habría ahorrado muchos disgustos el pobre Cary.

Con esta sentencia moral de bajo vuelo, casi con un chiste, empieza “Con la muerte en los talones”, la película más caprichosa de Alfred Hitchcock.

En 1949 faltaban muchas cosas que decir en el cine, y Hitchcock estaba dispuesto a descubrir cuáles eran para gritárselas a todo el mundo.

Una de ellas es que una película no necesita de una historia sólida y totalmente cerrada para ser interesante y entretenida. “Con la muerte en los talones” es una sucesión de pequeñas aventuras que el protagonista va viviendo y que de ninguna se justifica por el argumento o por la verosimilitud.

Por ejemplo, Cary Grant se encuentra con la heroína (Eva Marie Sant), una señorita fría y calculadora de quien no se sabe si lo quiere ver muerto o vivo y que lo manda al medio de la nada a encontrarse con, tampoco queda bien claro, quien. Entonces Cary va a una ruta y mientras espera viene a intentar asesinarlo un avión fumigador. El método de exterminio es por lo menos insólito. No le tira veneno y lo ahoga, sino que quiere desnucarlo a vuelo rasante!!. La escena es disparatada, pero durante nueve minutos le creemos a Hitchcock que el avión tiene posibilidades de cometer el asesinato, y suspiramos aliviados cuando el aparato se estrella contra un camión que pasa por casualidad.

Y así sigue, capricho tras capricho de director, el pobre protagonista en su derrotero: se pasea por una subasta, se cuelga de la montaña de los bustos presidenciales yankies, hasta que finalmente encuentra el sosiego que le devuelve su identidad de una forma tan absurda como la perdió.

Pasaron las décadas y el cine encontró nuevas formas de contar historias, pero en los años 50, Hitchcock, en “Con la muerte en los talones” ya nos daba una oportunidad de espiar lo que estaba por venir.

23 de mayo de 2008

Drexler minimalista




La experiencia del Drexler básico resultó un éxito: cantante de garganta perjudicada, pero inspirado y público silenciado bajo coacción hicieron más que agradable la noche del 22 de mayo en el Gran Rex.
Les dejamos este video, que es viejo y con una dedicatoria desactualizada, pero que corresponde a una de las letras más lindas del repertorio del uruguayo....

20 de mayo de 2008

Fue bueno mientras duró


Los diarios de hoy aseguran que la Pequeña Orquesta de Reincidentes ya no existe más.

19 de mayo de 2008

Salvado del lado oscuro

Jorge Drexler venía con las acciones en baja en la arbitraria mesa examinadora de De Filias y Fobias. Los autores de este blog, poco serios en sus juicios artísticos, y siempre dispuestos a denostar a las estrellas por las razones más absurdas, lo habían puesto en la lista negra por haber engañado a su mujer de años y por su romance con la vegetativa de “Hable con ella”.

Para colmo, no soportamos que hubiera tenido el tupé de hacérnoslo saber con todo detalle en su último disco “12 segundos de oscuridad”. Que si la cornuda le había leído los mails adúlteros, que si estaba triste por el divorcio controvertido, que si estaba caliente como negra en baile con la Waitling, de todo eso no nos queríamos enterar, pero en cada canción nos lo hacía escuchar, destruyendo progresivamente la imagen que le habíamos comprado de osito cariñoso charrúa.

Tras cartón, su último recital en Buenos Aires resultó un bodrio: corto de extensión, con delirios cools-electrónicos, un repertorio sin los éxitos de hoy y de siempre… en fin, un chasco.
Pero, al borde de entrar en la papelera de reciclaje de los ídolos caídos, el uruguayo se sale con el disco “Cara B” y en la primera escuchada nos disponemos a aprontar los papeles para el indulto ipso facto.

Drexler ofrece un combo de dos discos que funcionan como una radiografía de su universo musical. El primero muestra la fase pública del artista en concierto, y el segundo nos muestra su cara privada de maquetas y homenaje a sus influencias.

Cara A es el registro en vivo de una gira por Cataluña. Su escucha, más un poco de imaginación, bastan para situarnos de inmediato en el clima de un recital de Drexler con todas sus características clásicas: los arreglos y afinación cuidada, el diálogo con el público que muchas veces se pasa de denso, y sus letras más bonitas.

Pero lo verdaderamente interesante lo encontramos en el cara b del disco del mismo nombre. Ahí la cosa se transforma casi en la grabación de un fogón donde Drexler agarra la guitarra y nos canta sus canciones favoritas.

Haciendo uso de cuatro idiomas, rescata temas de artistas tan disímiles como Leonard Cohen, Caetano Veloso, Zitarrosa o Kiko Veneno.

Se nota que todas estas canciones les gustan porque las canta con un entusiasmo y buen gusto que hace que nosotros también las disfrutemos. El clima del disco logra que nos sintamos invitados al living de su casa, donde el uruguayo nos invita a un buen vino y nos improvisa un paseo por la música del mundo.

En "Cara B" Drexler se redime y nos muestra como lo queremos ver y escuchar, sencillo, directo, sensible, casi como el amigo con buen gusto musical que todos desearíamos tener.
Para muestra sobra un botón:
Tracks recomendados: cara a: "Un país con el nombre de un rio"; "Zamba del olvido"; "Soledad", "Sea". cara b: "Gracias"; "Dance with me to the end love"; "Milonga de ojos dorados"y " Zamba por vos"

18 de mayo de 2008

Hay días sospechosamente lights



"Mi Gin Tonic" A.C.

9 de mayo de 2008

9 de mayo: día internacional del ave

Un saludo a todos los pollos (amigos y enemigos) en su día

2 de mayo de 2008

Pieles frías según Ronald McEwan

(On chelsi beach, Ian McEwan. Anagrama)Parece ser el mejor camino par que un escritor se vuelva mediocre: después de forjar por años uno, dos, tres grandes libros, la crítica lo aclama, los jurados los reconocen, la Academia los estudia y finalmente, las grandes editoriales lo editan. Ahí sobreviene el desastre: los compromisos comerciales.

Los lectores de Expiación, de Sábado sabemos que McEwan puede ofrecer mucho más. Quizá la necesidad de producir acorde a los tiempos del mercado explique la pobre sensación que deja On chesil beach, su última novela. Tal vez, la exigencia de cumplir con un contrato firmado sea la causa de que un sólido narrador, que demostró manejar a la perfección los tiempos y jugar graciosamente a las estructuras, haya inflado lo que hubiera sido un muy buen cuento hasta convertirlo en una nouvelle desnaturalizada.

On chesil beach cuenta la historia de una noche de bodas, la de Florece y Edward, dos jovenísimos esposos que llevan sobre sus espaldas el peso de ser estereotipo de la represión sexual. La novela tiene vocación de cuadro de época y apela al viejo mecanismo de lo micro por lo macro. Los derroteros de estos jóvenes pre revolución sexual se amplían como las ondas de una piedra en el agua a sus cuadros sociales y en la situación política de la post guerra. Pero la estructura es previsible y por momentos lo que sorprende es la acumulación de lugares comunes (¿tiene que ser ella la frígida y él el impulsivo e incontinente?).

Dueño de sus recursos, McEwan deslumbra en un par de pasajes donde con un mínimo de acción logra climas intensísimos, y en dos o tres diálogos cargados de cosas que no se dicen. Pero más allá de estos momentos que nos recuerdan que estamos ante un muy buen narrador, la historia cansa y el recurso alargado termina por irritar. Hasta el mismo autor parece fastidiado cuando, cerrado el conflicto, resume los 60 años de vida restantes de los personajes en diez páginas que parecen ser un relleno para cubrir la cantidad pautada de caracteres.

Uno va terminando el libro y piensa que en realidad es una pena, que hubiera sido lindo leer algo mejor y medita si realmente valdrá la pena ver qué escribirá la próxima vez. Pero, zorro viejo, Mc Ewan, guarda un As en la manga: hoja aparte, en medio de una página blanca se lee a manera de colofón.

“Los personajes de esta novela son ficticios y no guardan parecido con personas vivas o muertas. El hotel de Edward y Florence – casi dos kilómetros al sur de Abbostsbury, Dorset, que ocupa una posición elevada en un campo, detrás del aparcamiento de la playa- no existe”. Puede que un párrafo tan rotundo justifique un mal libro. Quizá le demos un crédito, vamos a tener que leer la próxima.

29 de abril de 2008

La casita del horror

Cuando era chica, con mis hermanas jugábamos a armar obras de teatro. En estas producciones caseras importaban poco argumentos y talentos artísticos, pero siempre estaba previsto el vestuario. Obviamente, estos ensayos dramáticos no eran más que excusas para dar curso a nuestros caprichos de precoses fashions victims.

Probablemente, algo parecido debió haber pasado en el momento en que Quentin Tarantino y Robert Rodríguez se juntaron para armar el proyecto de “Grind House”. Con la libertad que otorgan los proyectos no comerciales, los dos directores volvieron a su infancia artística y filmaron aquellas cosas que más le gustan. Como nosotras por los 80 hablábamos de ropa, el mentado dúo filmó sobre sus preferencias personales, a saber: los fierros (Tarantino), los monstruos (Rodríguez), y las chicas de todos colores y tamaños (debilidad, según parece, de ambos).

Las Grindhouses eran cines que en los años 70 se dedicaban a proyectar películas de bajo presupuesto especialmente violentas y de terror. La propuesta que nos ocupa, una especie de homenaje, consistió en que cada uno filmara una obra de este género para ser exhibidas en forma conjunta.

La idea, aunque atractiva, no deja de ser osada. Volviendo minimalistas sus estilos y temáticas y sin la protección que otorgan las superproducciones, los directores se muestran al desnudo. Y se sabe que cuando se anda en cuero, los defectos y virtudes se exhiben sin piedad ni pudor.
La “Planet Terror” de Robert Rodríguez se parece a los mamamarrachos teatrales de mi infancia: mucho antojo y poco valor artístico. Están los monstruos temibles come-órganos que conocimos en “Del crepúsculo hasta el amanecer”, los personajes latinos despreciables pero simpáticos, las tetas gigantes, los cuerpos femeninos que se menean y se observan las reglas del terror de manual, pero no mucho más. No hay un valor agregado que justifique el experimento. Si Rodríguez buscó filmar una parodia al cine clase B, la broma no causa gracia, y si lo que planeó era un homenaje, mucho peor, porque es difícil que alguien se vaya del cine con ganas de más.
En cambio, a Tarantino le fue mejor, quizá porque sus bases son más resistentes y sus caprichos los puede solventar con talento. En “Death Proof” unas cuantas chicas parranderas son acosadas por el auto asesino de Kurt Russel. Y este argumento sin mucho vuelo es la excusa para que el bueno de Quentin haga lo que sabe.

Aunque no te interesen los coches y los Dukes de Hazzard te hagan bostezar, es imposible no quedar con la boca abierta en las escenas de persecución de autos a toda velocidad de ritmo y suspenso impecable.

También los diálogos en que las chicas deciden la cuota de galanes que besarán esa noche y otras yerbas tienen el sello del director y están a la altura de los debates sobre el nombre del Cuarto de Libra o “Like a virgin” de Madonna que recordamos de Pulp Fiction y Perros de la calle.
Otro buen chiste es el juego del espejo que parte en dos la película, que no adelanto para no fastidiar a futuros espectadores.

Por último se recomienda prestar atención a la escena de “fetichismo pédico” donde las cámaras van y vienen y nos muestra desde la pantalla grande como se siente la desviada forma del deseo encarnada en la planta de los pies.

Todos estos son trucos sencillos, una especie de Grandes Éxitos que Tarantino realiza casi de cajón, pero hacen “Death Proof” despegue de la chatura en la que se quedaron los zoombies locos y la sangre saltarina de Rodríguez.

Se dice que en Estados Unidos nadie quiso ir a ver Grindhouse y que acá ni siquiera pasará por el cine, así que De Filias y Fobias sugiere que orienten sus PC y DVD a la segunda opción y disfruten viendo como Tarantino vuelve contento a chuparse el dedo.

22 de abril de 2008

19 de abril de 2008

Peronismo amarillo




by CQC

17 de abril de 2008

11 de abril de 2008

El pollo recargado

El Pollo in love: el Pollo, es pirata (los jueves se saca el anillo y sale de cacería), pero formalmente monógamo. Tiene noviazgos largos con chicas flacas que usan el pelo con claritos, muchos anillos, cadenitas de oro y lucen una cara de insatisfacción permanente en el rostro. Se los ve caminando en pareja sobre todo los fines de semana, donde el pollo hace uso a diestra y siniestra de su mirada periférica, utilizada para relojear la anatomía de toda dama que le pasa por al lado, excepto su novia.

El Pollo y la familia: el Pollo es habitualmente hijo de comerciante. Vive con su familia paterna hasta pasada la treintena, edad en que se muda, siempre porque se casa. Su mujer (la gallina) casi nunca trabaja y sus Chicken Little van a colegio privado, con el nombre de cualquier santo, pero en inglés, si es bilingüe y el uniforme es llamativo, mejor.
Su casa es custodiada por un perro de la raza de moda, pero siempre grande, el tamaño de su can está directamente relacionado con las proporciones que desea para su miembro viril.

El Pollo y el arte: el Pollo no tiene demasiado interés por las disciplinas artísticas, pero como nada de lo humano le es ajeno, algún fin de semana va al cine, a ver desde la segunda fila una peli taquillera. También, como dijimos, escucha radio en el auto, casi siempre Blue o Aspen. Al pollo latino le gustan Luís Miguel y Ricardo Arjona, del primero admira su registro vocal, del segundo “la profundidad” de sus metáforas. El Pollo dice estar muy ocupado como para leer libros, pero en las vacaciones ojea alguno de Majul, “porque si no te preocupás por el país los políticos hacen lo que quieren, viste” o perseveran con El Señor de los Anillos porque se alquilaron en DVD toda la saga y les pareció que en el libro pueden encontrar más cosas.



El Pollo y deporte: Le gusta, por supuesto, el fútbol, pero si Argentina se destaca en alguna disciplina, inmediatamente se vuelve especialista y fan, aunque sea tiro de jabalina. Nunca se pierde el partidito semanal con los amigos. Comenta apasionadamente los partidos de la fecha en la oficina con la solemnidad y seriedad de quien debate sobre la crisis judeo-palestina.

El pollo y los medios: Conoce cada detalle de “Bailando por un sueño”, pero no se confiesa seguidor del programa de Tinelli, dice siempre que justo lo vio mientras hacía zapping. Los pollos más impunes reconocen su inclinación y sentencian “la verdad es una basura, pero lo miro para entretenerme, para amarguras está la vida”. Se informa con Clarín (nunca deja de mirar el horóscopo y “Lo importante”) y su referente de opinión es el comentario de Ari Palush en “La batidora”.

El Pollo y el ocio: Le gusta salir de bares, donde habla a los gritos con sus amigos, intercalando de vez en cuando alguna palabra en inglés o frase de moda, verbigracia: “estamos en el horno”. Frecuenta también las discos locales, donde hace barra y saluda a conocidos.
Cuando sale a comer afuera va a “Siga la vaca” de Puerto Madero y piensa que se está dando la gran vida y que no se priva de ningún lujo.

Mire con atención a los costados porque nos rodean!! El Pollo puede ser su vecino o su cuñado. O bien, si esconde bajo el puño de su camisa rosa una pulserita de Racing… el Pollo puede ser usted!!!


4 de abril de 2008

El blog de un tal Pedro

“Deborah Kerr muere sin saber que es Deborah Kerr” leyó Pedro Almodóvar en el diario y ese mismo día terminó de escribir el primer borrador de la que será su nueva película “Los abrazos rotos”.

La coincidencia de tiempos, y la posibilidad de morir sin pasado, asustó al director de la desmesura y los colores brillantes y lo animó a escribir un blog a manera de bitácora de filmación de su film. Este ejercicio, cree Almodóvar, servirá como antídoto contra el olvido y lo librará del triste final de la pobre Deborah.

Con sólo un doble click sobre http://www.pedroalmodovar.es/, estimados lectores, podrán abandonar este modesto blog e interiorizarse en las aventuras y desventuras del artista manchego, quien en este mismo momento debe estar haciendo pases de magia para repetir su casi imposible, pero ya lograda hazaña: hacer actuar bien a Penelópe Cruz.

Pero no apuren la huída, antes, un regalo de De Filias y Fobias: Miguel Bosé con faldas y a lo loco meneándose con su clack de travestis en Tacones Lejanos. Enjoy!!!.


1 de abril de 2008

Bichos con alas

En tempranas y ociosas épocas universitarias, mis compañeras y yo solíamos dedicarnos a observar y calificar cuidadosamente cada espécimen masculino que rondaba nuestra facultad. Había muchos y cada uno merecía un comentario, algunos admirativos, otros despectivos. Pero un personaje merecía nuestra atención particular, ya que, por razones que en breve descubrirán, tenía la singularidad de reunir en su fisonomía y personalidad el mayor número conocido de cualidades que despreciábamos en un hombre.
Lo llamábamos (si, es un sobrenombre grasa, pero bueno, éramos jóvenes y brutas…) el “Pollo al spiedo”, por ese viejo dicho que dice que el pollo al spiedo está quemado hasta el traste, pero aún sigue dando vueltas. El territorio de acción preferido del Pollo (es sobrenombre se resumió con el uso) tenía zona de operación especialmente en el bar de la facultad y todos los boliches de la zona de Tribunales, allí se exhibía orgulloso sin saber que era objeto de nuestra sorna.

Los años pasaron y la experiencia nos llevó a darnos cuenta de que no había un solo individuo con las características del mentado Pollo, sino que el Pollo es todo un biotipo masculino. Innumerables “Pollos” nos rodean y se pasean aleteando locos de contentos entre nosotros.

Es por eso es que, para este humilde blog, decidí enumerar algunas de las propiedades fundamentales de los Pollos. Contarle que hacen, dónde viven, qué les gusta, para que usted, estimado lector, descubra y desenmascare a estos personajes que encarnan un verdadero atentado al buen gusto.


El Pollo, demarcación cronológica: el Pollo tiene aproximadamente entre 27 y 40 años. Pasada esa edad, casi siempre evoluciona en un biotipo no menos dañino: el viejo verde.

El Pollo, demarcación geográfica: el Pollo bonaerense habita las “zonas de chalet”. Sus casas tienen casi siempre dos pisos, mucha carpintería y un garage en picada bajo el nivel de la vereda. Se puede ver conglomerado de Pollos sobre todo en las ciudades del norte del Gran Buenos Aires o en Quilmes yRamos Mejía. Los barrios preferidos del Pollo porteño son Belgrano, Caballito y algunas partes de Palermo y Barrio Norte. Al Pollo no le gusta migrar de su territorio, se considera un “nacido y criado” orgulloso, en su terruño se siente importante y reconocido, conoce a todos y todos lo saludan, eso para el Pollo no tiene precio. Sin embargo, le preocupa la inseguridad, está pensando en que en cuanto pueda, se muda a un barrio privado.
El lugar de veraneo del Pollo varía según su posición económica: el modesto vacaciona en San Bernardo y cuando progresa migra a Mar de las Pampas, Pinamar o Cariló. En el glorioso 1 a 1 era habitúe de Cancún y arrasaba los shoppings de Miami.

El Pollo y las profesiones: es amante de las profesiones liberales. Numerosos abogados y contadores llevan orgullosos una cocarda de Cargill. También, influenciados por el menemismo, muchos Pollos estudiaron Administración de Empresas y Publicidad, carreras que consideraron pasaporte seguro a una vida exitosa y al ABC1. En los claustros de la UADE y la Universidad de Belgrano, el Pollo se mueve como en su propio corral.

El Pollo y el fashion: el Pollo tiene un look cuidado, está convencido de que es metrosexual, aunque no entiende bien lo que es, y teme confesar que se arregla para que no piensen que es gay. Usa el pelo algo largo, a veces gusta de ponerle algún producto para darle una imagen “mojada”. Se lo ve luciendo jeans, camisas y chombas. Legacy y Polo son su debilidad. Por si refresca, lleva siempre un pollover anudado sobre los hombros. Curte también camisas de colores pastel, lo suficientemente abiertas como para que pueda verse una cadenita o un collar de hueso que gustan exhibir en el cuello. Siempre lleva anteojos de sol, piensa que le dan un toque exótico.
El celular es indispensable para el Pollo, tiene el abono más caro y cambia habitualmente de modelo, en cuanto más chiquito y con más funciones, mejor.
Aunque sea pleno junio, y el sol no haya salido por semanas, nunca encontrarán a un Pollo pálido: su piel naranja de cama solar se mantiene durante todo el año, y el color se intensifica en los días de verano en que se vuelve marrón oscuro, ultra quemado… porque si no tomás sol, parece que no te fuiste de vacaciones, viste?

El Pollo sobre ruedas: El Pollo surca el ejido urbano siempre motorizado, no camina dos cuadras ni le gustan el colectivo ni el subte, los considera de pobre. Usa autos siempre de vidrios polarizados, de modelos nuevos, pero medianos y chicos, porque el presupuesto tampoco es ilimitado. Su sueño de progreso es tener una 4x4, roja, si es posible. Maneja con el codo izquierdo apoyado en la ventanilla y con la música a todo volumen. No paga estacionamiento, pero le gusta parar justo frente al lugar de destino. Cuando baja del rodado nunca olvida sacar el frente del stereo: que te lo roben es lo de menos, dice, lo peor es que te rompen el vidrio, me entendés?

continuará...


(Ilustración del pollo Vero Sabelli)

28 de marzo de 2008

Uno, dos, tres, catorce...


Déjà Vu 3D

16 de marzo de 2008

Elogio a la paciencia

("No country for old man" Ethan y Joel Coen) En “Sin lugar para los débiles” no importa lo que pase, siempre triunfa el Mal, y no vale la pena apurarse para descubrir lo terrible que fatalmente va a suceder. Por eso, la historia simple de la persecución de una valija mal habida, toma su tiempo en desarrollarse y pide al espectador paciencia y templanza para disfrutar como se cuentan las malas noticias que vendrán.

Bajo esta consigna fatalista, el suspenso que atraviesa la película cobra otra dimensión: todo se transforma en una espera de la desgracia que causa nervios solo porque se sabe que no hay posibilidad de salvación ante el peligro.

¿Pero, por qué tenemos que entregarnos a esta exhibición de pesimismo? ¿Que hay entre el momento en que nos sentamos en la butaca y el inevitable final infeliz?

En medio están los Hermanos Coen con sus imágenes fantásticas, con sus cámaras siempre puestas en el lugar menos pensado y con el humor incorrecto del que se ríe donde no debería haber chiste.

Está Javier Bardem, con su cara de piedra y su peluca imposible, suerte de Terminador del lejano oeste, que mata porque le place y persigue sin fatiga a un incauto que le robó dinero. Y también está su contrafigura, Tommy Lee Jones, el sheriff de rostro sufriente, que se lamenta porque los viejos tiempos eran malos, pero estos son peores.

El film no tiene música porque no la necesita, la fotografía llena la pantalla y los diálogos cuentan con la sonoridad necesaria para entretener y mantener atento al que los escucha. Los Coen se toman su tiempo para contar bellamente lo feo, siempre al borde de desbarrancar en lo exagerado.

El que espera desespera, dice el refrán, y en este caso no es así, quienes decidan atravesar el camino que propone “Sin lugar para los débiles” serán premiados con una buena película y sabrán que la vida es injusta, pero por lo menos, puede pasarsela bien mientras se transita.

13 de marzo de 2008

Todos al diván

(In treatment, Rodrigo García, HBO) Nada de salvar al mundo en 24 horas ni de descubrir los tremendos secretos de una isla en el culo del planeta. Una nueva serie de HBO nos encierra entre las cuatro paredes del consultorio de un psiquiatra para espiar cual moscas sus sesiones.

Frente a tanta superproducción vertiginosa, In Treatment renuncia a los fuegos artificiales y ofrece diariamente 30 minutos de, casi se podría decir, una obra de teatro. La propuesta es sencilla: un mismo “loco” para cada día de la semana y, el quinto, la sesión de análisis del profesional con su propia terapeuta.

En In Treatment, la palabra llega al poder y los actores son más que nada narradores. Durante las sesiones, cada paciente nos va revelando como un rompecabezas su historia. Apelan a la herramienta, a veces tramposa, del discurso: sabemos que cuando se trata de la propia vida, nadie cuenta todo, y el cristal con que se mira empaña los sucesos. La fórmula elegida es exigente con el espectador. Quien quiera disfrutarla debe ser fiel y atento: todos los días evoluciona el relato, cada reacción de los personajes es importante, y los muy tramposos no siempre cuentan la verdad.

Por último, las garantías de calidad: los guiones y la dirección están a cargo de Rodrigo García Márquez, el hijo del escritor. Por otro lado, nuestro anfitrión, el psiquiatra, es el elegante Gabriel Byrne, dueño de los silencios más expresivos vistos alguna vez en la televisión.

Todo está dado para rendirse ante In Treatment y crear otra malsana adicción que deberemos a su vez tratar, sin cámaras delante esta vez, con nuestro propio analista.

Jarvis en Buenos Aires


12 de marzo, un día de buena suerte



9 de marzo de 2008

Canción del mientras tanto




En tanto se actualiza este blog, invitamos a nuestros lectores a que disfruten de este video. Al son de esta hermosa canción, el antiguo guitarrista de Pulp acompaña a un nostálgico Elvis de la tercera edad. Señores, con ustedes, Valentine de Richard Hawley.

1 de marzo de 2008

Corazón con agujeritos

(Derrumbe. Daniel Guebel. Editorial Mondadori) La propia historia como material literario, terreno peligroso si los hay. A todo el mundo le gusta hablar de sí mismo, pero cuidado!: para que la confesión merezca un libro hay que tener algo trascendente para contar o, al menos, conseguir que la forma de hacerlo lo vuelva interesante.
A ninguna de estas metas llegó Daniel Guebel con su libro Derrumbe, la novela que narra la cuesta abajo afectiva a la que lo empujó su separación.

El primer problema que encontramos es de clasificación: esta novela alcanza a la categoría de tal solamente por el grosor de libro que logró imprimir Mondadori a fuerza de doble espacio y letra gigante. Posiblemente Guebel haya elegido el formato de novela porque su historia no tiene ni siquiera la fuerza dramática para sostener un cuento. Ni siquiera las anécdotas que intercala en la narración- en forma de recuerdos de los personajes- solucionan el problema y dan la sensación de estar leyendo un Frankestein de órganos separados que apenas puede caminar. Las pequeñas apostillas, salvo algunas excepciones, son bastante insulsas, y el paralelo con las reflexiones personales del protagonista es tan obvio que el parche queda al descubierto y deja la desazón de pasar los renglones sin haber avanzado nada en la historia

En estos días otros escritores compatriotas y contemporáneos a Guebel se sumaron a la moda autobiográfica, pero la abordaron con un planteo distinto. Los últimos libros de Alan Pauls y Juan Forn cuentan experiencias personales, con la pretensión- que en cada caso se podrá juzgar si resultó exitosa o no- de contar desde la propia intimidad la historia argentina. Una suerte de narrar la generalidad desde lo particular. En cambio, Guebel decidió lo contrario, Derrumbe es un mero ejercicio de ego, y en la descripción de su yo también falla.

El antihéroe de la historia debería caernos simpático: no resultaría nada difícil mirarnos en su espejo, porque a todos nos dejaron alguna vez. Pero el derrumbado Guebel cuenta su cuento desde una modestia tan falsa que sólo puede irritar al lector y hacerle pensar que se merece todo lo que le estuvo pasando y que decidió hacernos leer.

En un pretendido tono paródico, Guebel se define como un genio incomprendido, con una vida inevitablemente orientada hacia el fracaso. Sin embargo, aunque expresamente se ríe de esa postura y se pega latigazos, la descripción que hace del resto de los personajes que lo rodean deja entrever que verdaderamente el autor se cree superior a su entorno. Su familia adoptiva es boba y despreciable, sus amigos son una ruina de personas, las mujeres se enamoran fatalmente de él aunque haga todo lo posible para boicotear sus relaciones. En resumen, la identificación personal naufraga con la soberbia: la ironía en sus letras no es ni siquiera divertida y revela un sentimiento de superioridad antipático. Aunque viva situaciones análogas, nadie se siente solidario con quien cuenta su drama describiendo a los demás subido a un banquito.

En definitiva, poco tenemos que hacer los lectores con Derrumbe, una obra, que con menos pretensiones, debería estar destinada al círculo íntimo del escritor verdaderamente preocupado por sus altibajos emotivos. Pero nosotros, los terceros, somos de palo, así que Guebel, como dice la conocida filosofa contemporánea: “si querés llorar, llorá”, pero a nosotros no nos llores encima.

24 de febrero de 2008

Con las barbas en remojo

(Sweeney Todd, Tim Burton) Lo primero que se puede pensar de Sweeney Todd es que es un Burton de Manual. Está el alma noble que se torna oscura por las inclemencias del mundo, está el humor asociado a lo macabro, aligerándolo y profundizándolo al mismo tiempo, y están, por supuesto Johnny Deep y Helena Bonham Carter, sus actores fetiche, sin los cuales la fiesta difícilmente pueda empezar. Ante semejante menúningún seguidor de Burton puede sentirse defraudado. Pero además de lo que se esperaba encontrar, esta nueva película, nos trae algunas novedades que vale la pena comentar.

La primera, y la que menos hay que festejar, es la adopción de la comedia musical sin atenuantes. Aunque sabíamos que se trataba de la adaptación de una famosa obra de Broadway, secretamente uno esperaba que lo musical fuera solo simbólico. Es posible que haya quien disfrute de que los personajes elijan dedicarse canciones en vez de charlar como Dios manda o que se pongan a cantar con los ojos perdidos en el espacio cada vez que quieren reflexionar o mostrar que están tristes. Pero para los que no tenemos desarrollada esa sensibilidad, si las primeras tres canciones nos resultan tolerables, a partir de la cuarta deseamos que la película de un giro sorpresivo y pase a contar cómo Londres fue asolada por una epidemia de disfonía.

Preferencias a parte, la música, aunque un poco desganada, es acertada y en varias oportunidades juguetea graciosamente con los sonidos de la historia sumándole un plus a la construcción cinematográfica y alejándola de lo que pudo haber sido su versión teatral. Sorprende también la entonación del demoníaco barbero (aunque podemos sospechar mucho protull), que no desagrada ni molesta. De cualquier manera, el efecto de irrealidad que el musical crea combinado con la estética ultra plástica del director no desentona, solo vuelve todo un poco más impostado.

En la misma línea de apartarse del realismo y redoblar la estilización de lo que se muestra, hay que festejar con hurras y vítores cómo Burton lleva su también típico tratamiento de imagen hasta un extremo. En Charly y la fábrica de chocolates, el juego era recrear los colores de la infancia entre caramelos y chupetines brillantes, y en Sleepy Hollow opuso los ocres a los tonos sobresaturados para separar a los vivos de los fantasmas. En ésta, (aliado al director de fotografía Dariusz Wolski) elige los colores fríos. Los azules le cuentan a nuestros ojos lo helada y opaca que es la vida en ese Londres a la merced del inescrupuloso Juez Tupin y reserva para los espacios de felicidad añorada y los sueños futuros la claridad y los colores cálidos. Algo parecido sucedía en El cadáver de la novia, pero ahí se trataba de animación. Burton lleva su estética antiaturalista hasta el extremo y trata a los decorados y actores igual que a sus muñecos.

Durante la filmación trascendió que los productores acosaron a Burton para que intentara limitar en algo la cantidad de sangre, así podían acceder a una calificación más apta para todo público, los mismos trascendidos dijeron que el director se negó rotundamente, y que hasta amenazó con retirarse del proyecto si no le permitían derrochar hemoglobina. Lo que parecía un mito publicitario o una excentricidad pintoresca se entiende perfectamente al ver la película. En el pozo de escoria del Londres del 1700, donde todos los colores son fríos y todas las texturas ásperas, porosas e incómodas, la sangre es el único color cálido que tiene lugar. El rojo trae de vuelta a la vida al alma atormentada del barbero y contagia paulatinamente también a su ultra práctica compañera. En este contrapunto está construida la cuidada ideología visual del filme. No se podía ser sutil siendo que con la sangre fluye la historia.

El otro punto fuerte de la película está, una vez más, en las interpretaciones. Ya sabemos de ese extraño triángulo que forman Johnny, Tim y Helena, y sabemos del romance que hay entre estos actores y el lente de Burton; pero en esta película la capacidad expresiva de la dupla está aprovechada al máximo. Con recursos muy cercanos a los del cine mudo (tanto desde la cámara como desde las actuaciones) mientras los parlamentos son remplazados por otra canción que repite el lieve motive del personaje, las caras se encargan de completar con creces los sentidos que escamotea el guión.

En cuanto a la historia, sobre la perturbadora identificación con los oscuros protagonistas que es moneda corriente, este último filme tiene, quizá, un punto de vista más sórdido desesperanzador y un mensaje, definitivamente más descorazonador. El humor no deja de estar presente (la escena donde los protagonistas hacen el menú social desde la vidriera de la pastelería es increíble), pero estos destellos son más bien escasos. ¿Estamos quizá ante la faceta depresiva del rey de la depresión?

Sweeny Todd es una clásica de Burton, con todos los ingredientes que se esperan cuando se saca la entrada, pero como sucede con ciertos creadores dueños ya de una estética fuerte, su evolución parece ser más intensiva que expansiva. Como los buenos vinos, con los años encontramos sus rasgos acentuados, concentrados y estilizados. En este caso, seguramente debemos pensar que se trata de un vino tinto.

3 de febrero de 2008

Alberto Migré 3.0 (dos muestras al azar)

(Enchanted, Kevin Lima y The Tudors, Michael Hirst) “¿Por qué cantamos canciones de amor? Si suenan mal y nunca tienen razón. No se puede vivir del amor” cantaba Andrés Calamaro y profetizaba la muerte del negocio del romanticismo-clásico-multimedia.

Frases como “y fueron felices para siempre” o “el destino los unió con su lazo de amor eterno” se volvieron dudosas y demodé en los cínicos tiempos post-postmodernos. En un siglo XXI, donde el príncipe empeñaría el zapato de cristal de Cenicienta, Blancanieves mandaría a los enanos a traficar sustancias controladas para el sueño y Celeste siempre Celeste cambiaría de novio como de ropa interior, los medios audiovisuales se ven obligados a revisar los envases y contenidos de los cuentos de hadas y telenovelas con los que lucran desde siempre.

El público femenino que quisiera creer, pero ya no puede, en los cuentos rosas y edulcorados está deseoso de que se recodifiquen las historias según los signos de la época, y la industria, dispuesta a complacer a su mercado, ya lo está haciendo.

Como primera prueba de este revisionismo, se encuentra siempre a la vanguardia, si de estudios de marketing se trata, el “maravilloso mundo de colores” de los estudios Disney.

Las niñas actuales ya no caen en la trampa del príncipe azul y, paradójicamente, en Encantada, la compañía del hombre de hielo dio cuenta de este desencanto. El film mitad dibujo, mitad película, se burla de los standars del cuento de hadas y enseña a las féminas del mañana que está bien enamorarse, pero que hay que tener ojo de no volverse medio tarada con los bríos del galán de turno. Giselle en Nueva York aprende, a fuerza de ridículos, que antes de aceptar el compromiso de amor eterno, más bien vale fijarse con quien una se engancha. Los héroes de esta historia enseñan los beneficios de la sana duda a la hora de buscar marido, y la doncella en el happy end se queda con el candidato real, no con el que le ofrece un mundo de sueños. La princesa de la era tecnológica está avivada y prefiere quedarse con el apuesto Patrick Dempsey de carne y hueso (el Dr. Encanto de Greys Anatomy) que con un miembro de la realeza dibujado de un mundo que no existe.

Como segunda prueba, presento un caso aun más osado ya que el movimiento de aggiornamiento es doble. Para ello propongo al lector curioso buscar la serie de HBO The Tudors en Internet o en DVD (creo que en el cable ya terminó la temporada).

El programa toma lo que podría ser una novela histórica a lo Felipe Pigna, la mezcla en una coctelera con los genes de Alberto Migré y durante sus diez episodios la transforma en una típica novela o cuento de príncipes y princesas, que incluye al bueno, al villano, al que desea el poder y al que deja todo porque se enamora, actuando según sus ideales y objetivos. Todo ello, con escenas muy calientes protagonizadas por gente linda, muy linda (el histórico gordo y pelirrojo Enrique VIII aquí es representado por el impresionante Jonathan Rhys Meyers, y con este ejemplo no hace falta aclarar nada más). La propuesta no es inocente: The Tudors vence a los cínicos que descreen del culebrón con el argumento incuestionable de que están contando algo que verdaderamente ocurrió.

Pero el artificio no termina ahí, The Tudors no se conforma con la mixtura de género sino que, en un segundo movimiento, muta el modo de narración a formatos más actuales y digeribles. Los productores de la serie nos proponen inmiscuirnos en los avatares de la dinastía inglesa –con guerras, hogueras y cuernos incluidos- como si estuviésemos metiendo las narices en la intimidad de las salas privadas de sus castillos. La aproximación tiene más que ver con el cotilleo descarnado del True Hollywood Storie de E! que con la narración de proezas y amores a las que veníamos acostumbrados.

Los espectadores caemos por el morbo de ver el chisme de esta especie de celebrities renacentistas. Esperamos ansiosos encontrar el desenlace que ya estudiamos y fisgamos impunes la manera en que Enrique descarta a Catalina y se queda con la Bolena, por supuesto, antes de que esta pierda la cabeza, y no precisamente por amor, sino por obra y gracia de la guillotina. Además, los creadores de la serie son astutos: si la propuesta tiene rating hay cuatro esposas más del rey inglés esperando para alimentar los argumentos de las próximas temporadas.

En definitiva, la vida ya no es de color rosa y ni siquiera la ficción acepta engañarnos. Sin embargo, siempre hay lugar para la resistencia. Las soñadoras negadoras y persistentes pueden refugiarse en alguna repetición de Volver, y ver a Arnaldo André sacudir una cachetada a su pareja y jurarle amor incondicional en guaraní. O bien, emprender un viaje retro por los fabulosos mundos del blanco y negro donde Cary Grant o Hamphrey Bogart todavía las miran a los ojos y les dicen que es posible ser felices y comer perdices para siempre.


29 de enero de 2008

Vestidita de rabia


(Emoción Homicida, Flopa) Después de un par de años de amagues y de presentar en vivo un álbum que jamás salía a la luz, Flopa se decidió y saco a la calle su segundo disco, “Emoción Homicida”. Esta demora evidentemente le hizo bien al trabajo que se nota cuidado al detalle para que suene lo mejor posible.

Pero el tiempo de espera resultó un arma de doble filo. Por un lado estaban presentes las ventajas de presentar un trabajo de forma paciente, pero por otro lado corría el riesgo de que las canciones se volvieran viejas. Los seguidores de Flopa, durante estos años, en cada recital pudieron escuchar los temas . Incluso por la Red hacía casi un año que daba vueltas un recital con prácticamente la misma lista de canciones que este disco. Pero el cuidado puesto en el sonido, y un cambio absoluto en el formato de la banda –pasó de acompañarse sólo con guitarras a una formación mas estándar- hicieron que las canciones suenen prácticamente irreconocibles.

Florencia Lestani tiene buenas amistades en el ambiente independiente porteño y no se preocupo en disimularlo en este disco. Empezando por la producción de Juan Ravioli; siguiendo por las guitarras de Kabusacki en todas las canciones; la participación de Manza en tres temas y de Minimal en “Abandona”. La lista se cierra con Pablo Grinjot orquestando “La luz” y los coros de Gabo Ferro y Florencia Ruiz en “La luz” y “Abandona”. La “selección” no es para nada despreciable y eso contribuye en la calidad general de las composiciones.

El álbum esta compuesto por trece canciones, que van desde el optimismo más sano –el tema pop “Total” o el más rockerito “Vestiditas de Sábado”-, hasta la depresión melancólica mas profunda – “Abandona”, “Sangre fría” y “Una vez detrás de otra”-, pasando por temas iracundos dignos de ser gritados con ganas –“La rabia” y el apocalíptico “Esta canción va a terminar mal”-.

Las letras, aunque con altibajos, tienen algunos momentos especialmente buenos, como “Una vez detrás de otra”. De todas formas, Flopa tiene el merito de que mas allá del nivel de su poesía, esta suena sincera. Es decir, son letras sencillas, con un lenguaje simple, creíble, que ayudan a que la canción, más alla de su calidad, siempre suene agradable.

“Emoción Homicida” sigue fiel al estilo que Florencia mostró en sus anteriores trabajos, tanto en la formación “Flopa, Manza, Minimal” como en su anterior disco solista “Dulce, fuerte, grave”, canciones sencillas, algunas más tranquilas, otras más rabiosas.

Su voz, igual que en los otros trabajos, es su rasgo característico. Los que no la tienen entre sus músicos preferidos, señalan ese factor como la gran contra de Flopa. Su forma de cantar gruesa, casi agresiva, suele molestar. Pero la verdad es que sin ese rasgo sus canciones serian totalmente diferentes. Su voz es la que termina de darle sentido a sus composiciones, agregándoles una emotividad furiosa.

La evolución entre sus trabajos es evidente y la elección de sumar más músicos a su formación le sentó perfectamente . Es un disco digno de ser escuchado, tanto por los que la vienen siguiendo desde tiempos remotos, como por los que no la conocen. Incluso quienes hasta ahora no se vieron seducidos, tendrían que darle una oportunidad a este álbum, que podría ser considerado uno de los discos del año que acaba de terminar.

6 de enero de 2008

En celo


(El Secreto, shh! Ciudad Abierta) No se sabe si por la desidia clásica de un organismo público o por una cuidada estrategia de marketing, Ciudad Abierta, el canal cultural de Buenos Aires, no anuncia los días y horarios de sus programas. Es así que, como de casualidad, podemos algún día encontrarnos con la visión de “El secreto, shh!”.
Tirada entre los yuyos, cual diosa pagana, la poeta Marina Mariasch conduce este ciclo de entrevistas que, según declara en sus promociones, pretende dar a conocer los pensamientos más ocultos de los escritores.
En el escenario natural de improvisado picnic los literatos nacionales son sometidos a los deseos de Mariasch, que, más que curiosidad, parece tener necesidad: necesidad de histeriquear a todos y a cada uno de los entrevistados.
Durante sucesivas emisiones se pudo ver un muestrario de acosos solapados bajo la fachada de entrevista. Por ejemplo, al apuesto Alan Pauls se lo interrogó sobre su fe en la monogamia. Frente a una desalentadora respuesta positiva, la conductora, mientras comía inexplicablemente frutas, pretendió convencer fervientemente al autor de El Pasado sobre la inconveniencia de su posición (sobre todo para aquellas que, como ellas no eran la esposa del escritor).La entrevista terminó con la pregunta más profunda de la emisión: “¿Alan, me pelás vos el Kiwi que yo nunca puedo?
Mariach también incomodó a Pedro Mairal indagando sobre sus costumbres sexuales y las posibilidad de sentir atracción frente a colegas del sexo opuesto (la lucecita de libre en su frente titilaba con insistencia).
Pero en una oportunidad, la compulsión seductora de la poeta le jugó una mala pasada. Esa vez la charla era con el afilado Alberto Laiseca, y Mariach con vos aniñada le contaba sobre sus miedos infantiles sobre lo que podía encontrar debajo de su cama. Cansado del franeleo, el creador de Los Sorias, contestó “Nena, si el que estuviera bajo de tu cama fuera yo, ahí si tendrías que tener miedo…”. Ante el rigor de la respuesta, Marina recobró la postura de su pasadísima treintena cronológica y los carriles de la nota volvieron a senderos más serios y conservadores.
Lejos de los ejemplos de George de Sand o de Simone de Beauvoir, la intelectualidad femenina actual no pretende deslumbrar con su inteligencia, ni con su solidez política ni con su fina ironía. Y, aunque una golondrina no hace un verano, el estilo que se lleva parece ser el de una actitud entre cachonda e idiota que no se entiende muy bien qué tiene que ver con el pensamiento. Dejando una estela de mujeres sin referente y un triste ejemplo para las próximas generaciones las entrevistas de El secreto continuarán hasta que Macri cierre Ciudad Abierta. Dejar muda a Mariach (por lo menos hasta que otro mecenas del mundillo la posicione) puede transformarse, milagrosamente, en el primer y único acierto del PRO en materia de política cultural.

31 de diciembre de 2007

Premios Parca 2007

Mientras vemos dar los últimos respiros al 2007, este blog se dispone a premiar a quienes se le adelantaron y lamentablemente no van a estar para el brindis


1. CATEGORIA MUERTO DEL AÑO 2007 o "se muriò? no lo puedo creer!!": muertes que representan un hito cultural o histórico. Para ser merecedor de esta estatuilla huesuda, la noticia de la muerte del candidato debe permanecer más de tres semanas en los medios, provocar cadenas de mails y cataratas de homenajes.
De Filias y Fobias entrega el premio a muerto del año a ROBERTO FONTANARROSA.
2. CATEGORIA MUERTO REVELACIÓN o "pero si estaba fenómeno...": es el fiambre menos pensado. Su muerte nos recuerda que aunque estemos rebosantes de salud y juventud, cualquier día podemos ocupar un lugar VIP en el panteón familiar.
De Filias y Fobias entrega el premio revelación a MARIO MAZZONE
3. CATEGORIA MUERTO INTRASCENDENTE 2007 o "ah se murió, mirá vos": es aquel que estira la pata y genera invariable indiferencia del público y la prensa. La noticia de su muerte solo merece una placa roja de Crónica y eso, si no es la hora de los caballos o del Quini 6.
De Filias y Fobias entrega el premio a muerto intrascendente a ENZO VIENA.
4. CATEGORIA MUERTO DE CAJÓN o "nadie miraba, pero se veía venir": categoría reservada para enfermos terminales y/o gente que dedicó su vida a cultivar toda clase de excesos a tal punto de encontrarse en la mira permanente de la parca.
De Filias y Fobias entrega el premio muerto de cajón a nuestro también muerto del año ROBERTO FONTANARROSA.

5. CATEGORÍA MUERTO CUMPLIÓ SU CICLO o "se murió, pero tuvo una buena vida": son aquellas muertes que no sorprenden y que, aunque dolorosas, hacen justicia al orden natural. Pertenecen a aquellas personas que ya hicieron lo suyo entre los vivos y merecen descansar mirando a los rabanitos crecer desde abajo. Genera aplausos de pie y lagrimeos en la ceremonia del Martìn Fierro.
De Filias y Fobias entrega el premio muerto cumplió su ciclo a NORMAN ERLICH

6. CATEGORÍA MUERTO EXTRANJERO o crepó el gringo: ¿hace falta aclarar?
De filias y Fobias entrega el premio muerto extranjero a LUCIANO PAVAROTTI
y, fuera de concurso entregamos la guadaña de oro y PREMIO A LA TRAYECTORIA o "tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe"
De Filias y Fobias entrega la Guadaña de Oro a VÍCTOR SUEIRO

Lo que vendrá....

Como nos gusta jugar a los pitonizos, le pedimos prestada la guadaña a La Parca y nos animamos a predecir quienes llenarán el año próximo los rubros del premio que nadie quiere ganar....

Javier lechuceó a:





1. Muerto del año: Luis Alberto Spinetta









2. Muerto revelacíon: Antonio Gasalla










3. Muerto intrascendente: Hugo Arana








4. Muerto de cajon: Pity









5.Muerto "cumplio su ciclo": Carlitos Balá








6. Muerto extranjero: Miguel Bosé



Cecilia lechuceó a:



1. Muerto del año: Benedicto XVI







2. Muerto revelación: Ingrid Pellicori








3. Muerto intrascendente: Patricia Palmer







4. Muerto de cajón: Britney Spears.







5. Muerto "cumplió su ciclo": Lidia Lameson







6. Muerto extranjero: Martha Stewart




Paola lechuceó a:





1. Muerto del año: Roberto Sánchez, Sandro.






2. Muerto revelación: José Luis Manzano






3. Muerto intrascendente: Cocho López








4. Muerto de cajón: Robert Downey Jr.






5. Muerto "cumplió su ciclo": China Zorrilla





6. Muerto extranjero: José Saramago
De Filias y Fobias invita a sus lectores a que afilen sus guadañas y postulen en sus comentarios a quienes, según su modesto entender, serán los candidatos del 2008.