31 de diciembre de 2007

Lo que vendrá....

Como nos gusta jugar a los pitonizos, le pedimos prestada la guadaña a La Parca y nos animamos a predecir quienes llenarán el año próximo los rubros del premio que nadie quiere ganar....

Javier lechuceó a:





1. Muerto del año: Luis Alberto Spinetta









2. Muerto revelacíon: Antonio Gasalla










3. Muerto intrascendente: Hugo Arana








4. Muerto de cajon: Pity









5.Muerto "cumplio su ciclo": Carlitos Balá








6. Muerto extranjero: Miguel Bosé



Cecilia lechuceó a:



1. Muerto del año: Benedicto XVI







2. Muerto revelación: Ingrid Pellicori








3. Muerto intrascendente: Patricia Palmer







4. Muerto de cajón: Britney Spears.







5. Muerto "cumplió su ciclo": Lidia Lameson







6. Muerto extranjero: Martha Stewart




Paola lechuceó a:





1. Muerto del año: Roberto Sánchez, Sandro.






2. Muerto revelación: José Luis Manzano






3. Muerto intrascendente: Cocho López








4. Muerto de cajón: Robert Downey Jr.






5. Muerto "cumplió su ciclo": China Zorrilla





6. Muerto extranjero: José Saramago
De Filias y Fobias invita a sus lectores a que afilen sus guadañas y postulen en sus comentarios a quienes, según su modesto entender, serán los candidatos del 2008.

30 de diciembre de 2007

La Mona Jimenez con rivotril


(¡Lo nuevo de ataque!, El robot bajo el agua) Ya desde los tiempos de Jaime Sin Tierra las composiciones de Nicolas Kramer llevaban encima una gran ambivalencia.
Eran canciones que se amaban o se odiaban. O seducían con sus letras y sus melodías relajantes o aburrían hasta límites insospechados. Con ese estilo particular y hasta sectario, Jaime Sin Tierra logró hacerse un reducido pero incondicional público, que incluso siguió creciendo después de la separación.
En su nuevo proyecto, Kramer apostó por multiplicar la fórmula por cien, volviendo aún más llanas sus letras, mucho mas monótonas sus canciones, mucho más automatizado su método de composición. El primer disco – Óptica Espacial desde el corazón- podría tomarse como una provocación, o un álbum conceptual, el segundo –Destrabando la palanca-, un refuerzo de la idea original. Ya el tercero – Solo resta sumar- , olía a exceso y su nombre parecía ser más bien una confesión.
Pero alcanza con escuchar diez segundos de ¡Lo nuevo de ataque! para darse cuenta que de nuevo no tiene nada, y perder casi por completo las ganas de seguir escuchando. Son canciones que ya escuchamos una veintena de veces, y ni siquiera en su versión original resultaban un derroche de originalidad.
Se puede experimentar haciendo música, jugando con la repetición de un mismo sonido. Si uno es arriesgado, puede mantener ese mismo tono en todo el disco. Pero cuando ya tenés una discografía de cuatro volúmenes, y seguís grabando la misma canción y solamente cambian las letras, algo falla. Sos la Mona Jiménez, pero sin la posibilidad de bailar.
Es una pena, porque las líricas saben tener sus momentos agradables, pero mezclados entre tanta simpleza, parecen más un descuido que el resultado de un trabajo meditado.
Por otro lado es difícil descubrir esos momentos, porque al ser tan constante el sonido de las canciones, es sumamente fácil distraerse y dejar de prestar atención a lo que se está escuchando. Por eso es necesario un esfuerzo para disfrutar las letras, y al hacerlo, uno termina aburriéndose demasiado rápido.
Es difícil saber qué es lo que intenta hacer Kramer con El robot bajo el agua. Quizás habría que pensarlo como un disco ambiental, de esos que se dejan sonando sin prestarle atención a las canciones. Pero de ser así, no se entiende bien la presencia de letras. Además en el caso de ser discos ambientales, debería tener una mayor cantidad de variaciones en el clima, y en el sonido entre álbum y álbum, que realmente no tiene.
Es un disco sólo para esos fanáticos incondicionales, que siguen a Kramer a ciegas desde los tiempos de Jaime Sin Tierra. Pero si el Robot sigue buceando bajo las mismas aguas es muy probable que esa incondicionalidad se vuelva relativa y termine por perderse.

29 de diciembre de 2007

Los autores de este blog consumen....


Golosina oficial de "DE FILIAS Y FOBIAS"

23 de diciembre de 2007

Tambien tenemos buenos deseos...


Que el maquillaje no borre tu risa,
Que el equipaje no lastre tus alas,
Que el calendario no venga con prisas,
Que el diccionario detenga las balas.
Que las persianas corrijan la aurora,
Que gane el quiero la guerra del puedo,
Que los que esperan no cuenten las horas,
Que los que matan se mueran de miedo.

Que el fin del mundo te encuentre bailando,
Que el ciberespacio nos tiña las canas,
Que nunca sepas ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana.

Que el corazón no se pase de moda,
Que los otoños te doren la piel,
Que cada noche sea noche de bodas,
Que no se ponga la luna de miel.

Que las verdades no tengan complejos,
Que las mentiras parezcan mentiras,
Que no te den la razón los espejos,
Que te aproveche mirar lo que miras.

Que no se ocupe de ti el desamparo,
Que cada cena sea tu última cena,
Que ser valiente no salga tan caro,
Que ser cobarde no valga la pena.

Que no te compren por menos de nada,
Que no te vendan amor sin espinas,
Que no te duerman con cuentos de hadas,
Que no te cierren el bar de la esquina

Que todas las noches sean noches de boda,
Que todas las lunas sean lunas de miel…

(Joaquin Sabina)


Dicha y felicidad para todos!!!


18 de diciembre de 2007

Qué par de pájaros los dos…

(Concierto: Dos pájaros de un tiro. Sabina-Serrat. 13 de diciembre. La Bombonera) La apuesta era arriesgada, aunque los dos cantautores compartan el prestigio poético de los trovadores de la madre patria, una extendida corte de devotos porteños y una ermita particular levantada por el público psicobolche.
Todo podía fallar, de hecho, lo más posible era que eso sucediera. Si algo quedó claro en el show que juntó en el último fin de semana a Sabina y a Serrat en la Bombonera, era que los organizadores tenían presentes todas las posibles variantes desastrosas y decidieron jugar en el espectáculo irónicamente con eso. El resultado fue un monstruo, un híbrido, que, con sus puntos más altos y sus momentos olvidables, funcionó mejor de lo que nadie esperaba.
El primer desafío era previo a la fecha y se había superado: arrastrar a las señoras y sus resignados y/o nostalgiosos maridos al campo de la cancha de Boca y conseguir que las nuevas hordas de seguidores de Sabina, tan púberes como insolventes, pagaran una entrada no barata para ver medio show de un anciano desconocido. Pero el triunfo sobre este escollo acarreó el otro problema: un público variopinto, acostumbrado a rutinas de concierto más bien opuestas y que no sabía bien a ciencia cierta qué iba a escuchar.
“Gracias a los que vinieron traidos por las ganas de estar acá y a los que llegaron venciendo los escrúpulos” abrió Serrat a modo de confesión, como aclarando las reglas de juego desde el vamos. Era claro que las masas eran de Sabina, que lo que iba a garantizar el clima y el espíritu del show iba a estar de ese lado, y el catalán, zorro viejo al que las multitudes no le son desconocidas, apeló a todo su carisma para asegurarse no ser escupido y abucheado durante “Tu nombre me sabe a hierba”.
La dinámica del recital se orientó a acercar a los dos músicos, a ponerlos en un resbaladizo terreno común unido por búsquedas poéticas, inconformismos morales y espíritu lúdico. Con este fin, se eligieron los temas más sabineros de Serrat, y el repertorio de Sabina que acusa más influencias de “su primo el Nano”. Hay que decir que Sabina salió ganando en esta fórmula, porque los temas más cuidados, menos apresurados y más mesurados son lo más interesante de su obra. Del otro lado, las canciones con melodías mas pegadizas y letras más infames, con espíritu de hit de Serrat son las que menos resisten el paso del tiempo. Atrás de “Para la libertad” hay montones de páginas desconocidas, que nadie corearía, pero son mucho más lindas.
No sólo en el repertorio elegido se notó este diálogo. Buena parte de las casi tres horas de concierto, los dos pájaros (por momentos al borde de lo pajarón, hay que decirlo) lo dedicaron a hacer comedia y a ironizar sobre las debilidades propias y ajenas. Cabe una mención especial a la versión pimpinelezca de “No hago otra cosa que pensar en ti” y a los cuadros de Stand up bizarro. El espíritu era de fiesta, de desparpajo, y Serrat se mostró a la altura del juego desestructurado de los espectáculos de Sabina, hasta el punto de incluir algún que otro amague de rockstar que, aunque no llegó a sonar del todo natural, resultó simpático. Pero, en la misma medida y como desquite, se notó la mano firme del catalán sobre la dirección musical del encuentro: la impresionante formación de músicos sonó ajustadísima y los arreglos de Miralles fueron increíbles (nunca sabremos cuanto de exigencia del director musical tuvo la misteriosa desaparición del histriónico y desastroso en proporciones iguales, guitarrista, Panchito Varona). Una vez más, en este trueque Sabina salió favorecido, sus canciones bien arregladas y orquestadas, se estilizan y suenan mucho mejor de lo que suelen sonar. Es verdad que estas mismas orquestaciones, que se alejan de las melodías más simples de los discos, atentaron fieramente contra el karaoke general y desinflaron en varios momentos a la platea. Pero, quizá, no esté de más este viaje a una forma distinta de escuchar un concierto, donde tengan lugar otras cosas además de cantar a los gritos. Es posible que a Serrat le haya servido la experiencia para incorporar un par de generaciones que lo ignoraban a sus seguidores, pero realmente no aportó nada demasiado interesante a quienes ya lo conocían: para levantar el estadio apeló a una infalible lista de grandes éxitos que se pareció más un concierto homenaje que a la demostración de un músico activo.
Este juntos y revueltos, en el que el único denominador común parecía ser la categoría cantautor español, funcionó llamativamente bien a pesar de todo. Fue una noche extraña, una puja amable de estilos y códigos bien distintos. Un espectáculo movilizado por la voluntad de dos tipos de compartir el escenario, dio como resultado un concierto divertido y un muy buen momento.

10 de diciembre de 2007

Por una vez en el lugar correcto...


Phoenix en La Trastienda = una hora y pico de Paris en Buenos Aires

1 de diciembre de 2007

El destino en los ojos de Medem


(Los Amantes del Círculo Polar. Julio Medem) ¿Todo se rige por el azar o hay un gran arquitecto que desde siempre diseñó nuestras vidas? Ésta es la pregunta del millón que todo el mundo se hace y que pocos se atreven a responder con absoluta seguridad.
En materia de amor, el corazón se pone sensible y las preguntas anteriores se vuelven urgentes. ¿Este chico que acabamos de conocer será “el elegido”? ¿Aquella chica que se acaba de ir sin avisar hubiera sido la mujer de nuestra vida? Todos quieren saber y nadie tiene certezas que ofrecer.
Julio Medem hizo una película con estas preguntas y encontró tres respuestas distintas.
En Los Amantes del Círculo Polar, Otto y Ana, sus protagonistas, viven, cada uno a su manera, una historia de amor que empieza en la infancia y que luego de varios encuentros y desencuentros, termina 20 años despues en Finlandia, casi al borde del fin del mundo.

Teoría I. El amor en los ojos de Otto: Otto es cándido creyente en el amor eterno. Encuentra en la fidelidad, la regla de la existencia del enamorado. Primero se revela contra la separación de sus padres y jura que siempre estará al lado de su madre abandonada. Luego se enamora de Ana, la hija de la nueva novia de su papá. Estos amores serán las hojas de ruta que marquen sus pasos a seguir. “Estar enamorado, amigos, es encontrar el nombre justo de la vida” decía el empalagoso poeta Francisco Bernardez, y Otto, si lo leyera, suscribiría entusiasta al pie del verso.

Teoría II. El amor en los ojos de Ana: Ana, por su parte, cree que su historia de amor está signada por una cadena de casualidades. Pero no de cualquier casualidad, sino de aquellas que su voluntad indica que tienen que suceder. Por eso pone a prueba todo el tiempo al destino. Otto será su pareja solamente si la sigue y descifra los signos que su cabeza afiebrada le pide que le muestre. Sucesos totalmente caprichosos como pronunciar “esa” frase en determinado momento o estar en el lugar indicado en el tiempo correcto son indispensables para ella. Si no tiene que ser, no va a ser, piensa Ana. Hace falta ser muy caprichoso y corajudo para exponer el pellejo a esta ruleta rusa constante . Quienes decidan ver la película ya sabrán cómo le va.

Teoría III. El amor en los ojos del director: Hasta ahora todos estábamos identificados en uno u otro bando de los personajes y seguíamos paso a paso sus desventuras amorosas, pero en determinado momento la película deja de ser una love story y se convierte en la demostración de un ensayo filosófico de Medem.
Para Medem la verdad es circular y cada historia contiene en el principio un final que fatalmente ocurrirá, sin importar las piruetas que se puedan ensayar para torcerlo. Con el destino de estandarte, derrota a las dos teorías de los protagonistas del film y les demuestra que sus creencias son vanas. Les enseña que no hay amor o suerte que valga, que el guión de la historia de los mortales ya fue escrito, y que contra eso, no se puede patalear.
Aprovechando los “superpoderes” que le da su función de director, a Otto le presenta todo tipo de traiciones amorosas, ajenas y propias; y a Ana, le pone miles de trampas para mostrarle que las “casualidades” que tanto busca pueden arruinarle la vida.
Pero no conforme con eso, hacia el final del film, Medem creyó necesario que su teoría se viera probada totalmente y, para eso, echó mano a toda clase de trucos de guión que hacen que el final de “Los amantes del Círculo Polar” sea increíble o, por lo menos, incómodo. Las coincidencias se vuelven forzadas y las simetrías de sospechosa probabilidad.
No se va a decir acá si la película termina bien o mal, pero sí que concluye como el Destino (así, con mayúscula), encarnado en la cámara de Medem, quiere. Sabemos que un director es el dios de su obra, pero toda religión requiere de feligreses y si la doctrina no es convincente, el culto puede quedar a mitad de camino. Eso le pasó a Medem, justo al final, sus dogmas seculares no pudieron convencer a los hombres de poca fe. Muy a nuestro pesar, cualquier respuesta absoluta nos despierta desconfianza.

24 de noviembre de 2007

Un poquito de por favor....!!!!!!!!!!





Este blog repudia energicamente el ultraje perpetrado por Telefé al culto bizarro de "Aquí no hay quien viva"

19 de noviembre de 2007

El pasado, pisado

(El Pasado, Héctor Babenco) Desde que el cine es cine, la literatura fue una de sus fuentes de inspiración preferidas, y los resultados siempre fueron problemáticos. Hay quienes dicen que no deberían serlo. El producto de esos matrimonios entre literatura y celuloide, dan como resultado una obra que debe ser juzgada por sus meritos, sin tener en cuenta de donde proviene. Pero aún siendo permisivos, ignorando los detalles menores, abriéndonos a interpretaciones y relecturas, hay una deuda que debe mantenerse intacta, elementos que deben estar si o si: precisamente los que hacen que una obra sea tal.
Hay dos tipos de historias: aquellas que donde lo importante de la anécdota se encuentra en el desarrollo de los hechos, y aquellas que solo completan su sentido cuando los acontecimientos culminan. Por ejemplo, si alguien nos pregunta de que se trata el Quijote, contestaríamos que es sobre un hidalgo que enloquece leyendo libros de caballería y decide emularlos. La forma en la que terminan sus aventuras, puede sorprender o no, pero no aporta demasiado al sentido de la obra. En cambio si nos preguntan por Moby Dick, es imposible que se entienda su significado si no comentamos que Ahap termina siendo aniquilado por la ballena.
El libro "El Pasado", de Alan Pauls, forma parte precisamente de este segundo grupo. Cada uno de los hechos que se narran apuntan hacia un final, que nos habla sobre la perdición. Uno puede interpretarlo de mil formas distintas, pero de ninguna manera puede ignorarlo. Es una historia de perdición, o trata sobre la inutilidad de huir del amor, o es una historia sobre una obsesión que aniquila. Pero de ninguna forma lleva consigo la idea de redención.
La version de Héctor Babenco es, durante todo su desarrollo, extremadamente fiel al libro de donde nació. Incluso detalles menores (obviamente no todos) son representados a lo largo de la película. El descuido al momento de plantear "lo ideal" en la relación entre Rimini y Sofía, es perdonable. La elección de "podar" el rol ambiguo entre víctima y verdugo entre ellos dos, es explicable asumiéndolo como una posible interpretación de la obra. Incluso el vaciamiento de las características de Rimini se puede entender pensando en una simplificación del argumento.
Pero cuando uno ya se encuentra preparado para retirarse satisfecho de la sala, Babenco sorprende cambiando el final, y con eso renunciando a todo vinculo con la obra de Pauls. Si se tratara de una historia que encuentra su sentido en el desarrollo de los hechos, seria un cambio menor, un intento por "mejorar" la obra. Pero, en este caso, el efecto logrado fue el de contar otra historia. Como si Ahap hubiese hecho un delicioso aceite con el cuerpo de Moby Dick.
¿Esto hace que la "El Pasado" sea mala? No necesariamente. Para contestar esa pregunta hay que hacerse otra antes. ¿A cuanto asciende la deuda que contrae una película cuando se basa en un libro? Si pensamos que la deuda es nula, podemos olvidarnos de este cambio. Pensar que simplemente es otra historia. Lo que en el libro era una historia de perdición, en la película es una historia de salvación. Pero si buscamos un mínimo de fidelidad entre ambas versiones, este detalle resulta fatal.
Es realmente una pena. Porque de no haber cometido ese ultimo error, hubiese sido una película que podrían disfrutar (o no) tantos quienes leyeron el libro, como los que se acerquen por primera vez a la historia. La discusión pasaría más bien por otros lugares: la calidad de los actores, los guiones, o la viabilidad de este tipo de historias en el cine. Pero tal como esta, quienes busquen una versión visual del libro, se exponen a salir traicionados de la sala.


No es por decir pero…
La imaginación versus el casting…
*Gael García Bernal… ¿no es un poco nenita para hacer de un tipo frío, insensible y decadente como Rimini?
*Esta bien que Babenco haya optado por una identificación extrema con Rimini… pero elegir a Analía Couceyro para interpretar a Sofía… ¿No tenia una actriz que nos hiciera preguntar un poco mas porque Rimini no volvía con ella?
*Amen de eso. Caso extraño el de esta chica. Totalmente sobreactuado el personaje cuando Sofía es "normal", pero cuando el personaje enloquece… sencillamente perfecto.

17 de noviembre de 2007

Soy tu fan: "Diez razones para amar a Morrissey"

En la película Alta fidelidad, John Cusack se preguntaba si escuchaba música pop porque era un perdedor o si era un perdedor de tanto escuchar música pop. Algo así me pasa con Morrissey: no sé si me gusta porque tiene la capacidad de traducir en música mis sentimientos, o si mi sensibilidad pusilánime y oscura es así porque se educó al compás de sus canciones. Hace poco se dijo en este blog que cada uno tiene los ídolos que se merece. Pero si seguimos la opinión del propio Morrissey nadie merecería el honor de ser su fan. Sin embargo, sus canciones tienen la capacidad de transformarse en una Patria para el que las escucha. Hacen sentir especial a quien puede disfrutarlas y lo alientan a aspirar pertenecer a la exclusiva corte crepuscular de la que Mozz es el inalcanzable referente.
“Admirarme es toda una labor, porque si dices que te gusta Morrissey, tienes que explicar la razón” dijo en una entrevista. Van mis 10 razones para seguir al príncipe de la melancolía.

1. Porque su voz tiene la propiedad de erizar la piel con sólo empezar a sonar.
2. Porque es malhumorado, soberbio e irónico. Pero a la vez sensible, antiheroe y desvalido. Porque es lo más lejano a la demagogia de una estrella masiva. Desprecia a sus fans y vive poniendo una prudente distancia. Recientemente detuvo un recital porque lo tocaban.
3. Porque tiene vocación de ícono, construyó su propio mito y se preocupa por cultivarlo. Trabaja día y noche para alimentarlo a base de declaraciones, polémicas e ironías.
4. Porque es ególatra hasta el extremo y está convencido de que es único. “Si tuviera hijos les pondría Morrissey 1, Morrissey 2, y Morrissey 3, si fuera una hija se llamaría Morrissete” se lo escuchó decir.
5. Porque es el hijo que podrían haber tenido James Dean y Oscar Wilde.
6. Porque sin él no habría sido lo mismo la historia del pop británico.
7. Porque no recibe banderas como La Renga ni corpiños como Sandro, sus fans saben que le gusta que le tiren narcisos. El pogo gay friendly de su recital en el personal Fest del 2005 fue el más amable de la historia.
8. Porque mantiene una pelea histórica con Robert Smith para ver quién es el más triste y sostiene que lo más deprimente de The Cure no es ni su música ni su mensaje, sino su aspecto. A modo de ejemplo: Morrissey: “Robert Smith es un llorón” , Robert Smith: “Morrissey es tan deprimente que si no se mata él mismo probablemente lo haga yo”, Morrissey: “ Prefiero ser asesinado a balazos que ser visto con zapatillas Converse. Por otra parte su corte de pelo debería merecer la pena de muerte”. Un talk show producido por Tim Burton.
9. Porque tuvo la deferencia de dedicar una canción de amor a una gordita.
10. Porque el juez que lo despojó de sus regalías de The Smith, después de oírlo en juicio lo acusó de “malévolo, truculento y mentiroso” por sus declaraciones . A lo que él respondió: “A pesar de la desaprobación masiva, sigo siendo el mismo”, y agregó “Alguien tiene que ser yo, así que mejor que lo sea yo”.

11 de noviembre de 2007

Soy tu fan: “Diez razones para amar a Lloyd Cole”

Aquellos que esperan un post informativo, equilibrado, profesional, para empezar, se equivocaron de blog, pero para continuar, ya mismo les aconsejo que abandonen la lectura de esta nota.
Es que, parte del petit ciclo “soy tu fan”, voy a escribir sobre Lloyd Cole, y hay artistas sobre los que no puedo, ni quiero, ser objetiva.
Lloyd llegó más tarde que temprano mi oído, pero arribó para quedarse. Una nota de Rodrigo Fresan- casi tan reblandecida como esta, pero mucho mejor escrita- ofició de gentil y concluyente invitación a sus discos, y de ahí en más, yo, tan afecta a encontrar defectos a mi alrededor, no pude dar con ninguna excusa para renegar de Cole.
Estimados ciber-lectores: comiencen por "Music in a foreign language", continúen con "Love Story" y ya no podrán detenerse. Lloyd Cole es un viaje de ida para los espíritus sensibles y refinados.
Cada uno tiene los ídolos que merece, y Cole, cascarrabia, perdedor empedernido y consuetudinario, es el mío. A continuación explico en diez pequeños y arbitrarios ítems porqué deberían compartir conmigo esta afición:

1. Porque el título de su canción más conocida te pregunta si estás preparado para que te rompan el corazón. Toda una advertencia y declaración de principios para quien inicia un viaje amoroso: el que avisa no traiciona, dicen en el barrio.
2. Porque sus letras pueden ir desde el estribillo más idiota, que se pega y repetís cual Rain man una y otra vez, hasta contar una escena perfecta de road movie en dos imágenes y tres minutos (Chequear de muestra para uno y otro ejemplo Like lovers do y My Alibi).
3. Porque junto a los Conmotions, en los 80 fue astro pop de jopo y hombreras, pero logró crecer con elegancia. Sigue haciendo canciones sencillas y no por eso idiotas, con la acidez y el pesimismo necesario para un occidental bienpesante.
4. Porque en su blog anunció que en un concierto en Barcelona (que el año pasado me perdí de ver por una semana!!), él mismo vendería sus discos en una mesita a la salida del recital. Inmediatamente advirtió estar un poco resfriado, pero prometió no contagiar a los potenciales compradores. Sencillez y cortesía de un dandy escocés.
5. Porque su voz no se puede confundir con ninguna otra y permanece intacta. Aún canciones de Sinatra o de Leonard Cohen, en su garganta suenan a temas de Lloyd Cole
6. Porque su último disco, "Antidepressant", fue elegido en el 2006 “el-mejor-disco-no-reconocido-por- absolutamente -nadie” del año.
7. Porque una de sus canciones aconseja: “si querés crecer derecho, apoyate en una biblioteca” y otra sentencia: “creo en el amor, entonces puedo creer en cualquier cosa”.
8. Porque dicen que en sus recitales es introspectivo y retraído, actitudes que disminuyen en forma directamente proporcional a la cantidad de whisky del vaso a su diestra.
9. Porque junto con Morrissey y Robert Smith forman la trilogía de músicos más amargados de la escena británica.
10. Porque las diez canciones de “Music in a foreign language” son la banda de sonido perfecta para escuchar a solas, en la oscuridad. Las músicas en idioma extranjero se apropian de tu mente y por un poco más de media hora el mundo puede ser un lugar casi feliz.

9 de noviembre de 2007

Soy tu fan: "10 razones para amar a Nacho Vegas"

Este no es un post objetivo. No es un post descriptivo. Estamos acá para defender nuestros fanatismos. Hay músicos que pueden gustarnos, músicos que podemos admirar profundamente, músicos de los que queremos escuchar cada uno de los discos que salen al mercado. Pero son muy pocos los que son capaces de generar fanatismo en nosotros.
Los que trascienden el ámbito de la admiración y se ganan nuestro cariño. Estos post lo que pretenden es presentar a los artistas, que a nosotros personalmente, nos generan ese sentimiento.
En mi caso la elección fue difícil. Hay una trinidad conformada por Francisco Bochaton, Belle and Sebastián, y el gran Nacho Vegas. Belle and Sebastián al meditarlo me di cuenta de que ese cariño se lo gano a fuerza de admiración, por lo que no es del todo el tipo de fanatismo que buscamos. Francisco Bochaton es el caso opuesto, o casi. Si bien musicalmente se merece un gran reconocimiento, el cariño se lo gano gracias a su personalidad. Es por eso que Nacho Vegas resulto elegido.
Hace unos cuantos años, mi compañera de blog y hermana, Paola, me recomendó a un tal Nacho Vegas. Paralelamente, Sebastián Kramer, guitarrista de Jaime Sin Tierra, cuando le dije que me gusto una canción de su disco solista, me dijo que estaba inspirada en una canción del mismo Vegas. Busque la canción y necesite escuchar más, me baje el disco. Y de ahí a la discografía hubo un solo paso.
¿Cómo explicar lo que generó escuchar esas mismas canciones? No creo que sea una tarea fácil. Pero al menos puedo darles diez razones para que ustedes mismos decidan si este tal Nacho Vegas merece una oportunidad, y una vez que lo escuchen, sus canciones darán el resto de los argumentos:

1. Porque aun en tu peor momento podés poner un disco de Nacho Vegas y entender que siempre habrá alguien más arruinado que uno mismo.
2. Por su descuidada imagen de dandy oscuro.
3. Por su asombrosa facilidad para nombrar a sus discos: "Miedo al zumbido de los mosquitos" / "Cajas de música difíciles de parar" / "Desaparezca aquí"
4. Porque convocó a familias de la comunidad asturiana de Buenos Aires a un recital de canciones típicas de su tierra. Y termino cantando lo mejor de su repertorio, haciendo que los ancianos y las madres de familia huyeran despavoridos.
5. Porque en ese mismo recital, cansado de escuchar los pedidos de la gente, dictaminó: “Pues, como no se ponen de acuerdo, tocaré lo que me salga de los cojones”.
6. Por su mesita con su botella de cerveza y su vaso.
7. Porque más que un músico es un narrador. Porque recupera la tradición trovadora española y la llave a la mas "ardiente oscuridad".
8. Porque en "La sed mortal" pasa siete minutos pidiendo perdón.
9. Porque es el Nick Cave hispano.
10. Porque, como sentencian los españoles en diferentes foros de internet: Nacho Vegas es "El Puto Amo".

3 de noviembre de 2007

La política del marcador

Todos lo pensamos, todos lo sabemos: hace rato que los partidos políticos dejaron de pensar las campañas electorales como una forma de trasmitir ideas o comunicar programas de gobierno. “Antes los afiches siempre traían parte de la plataforma o las banderas del grupo al que representaban. El afiche de hoy no está pensado para que la gente lea: la tipografía es enorme, no hay texto, ni siquiera hay referencia partidaria. Sólo una mala foto y un slogan que podría ser de cualquier otro candidato” dice Gabriela Kogan, una de las autoras de libro Quiera el pueblo votar, donde se recopilan los afiches callejeros desde la sanción de la ley Saez Peña. Y es verdad, si algo dicen claramente los carteles de campaña es que lo que importa no son las ideas. Están convencidos de que la gente va a votar lo que más vea, sin importar lo que se le proponga. Pero, desde las últimas campañas, ganó la calle una modesta pero interesante forma de opinión política: el marcador.

Hace algunos años, la gente acostumbraba a pintar las paredes para mostrar sus simpatías u odios políticos; de a poco los muros dejaron de pertenecer a los particulares y las pintadas también pasaron a mano de los aparatos de los partidos. Quizá como una forma de abrir el juego que los políticos buscan cerrar por todos los medios, o, tal vez, para agregar contenido a los carteles que muestran tentadores espacios en blanco, muchas manos anónimas eligen intervenir propagandas e inscribir en ellas sus opiniones particulares. La política del marcador parece venir a contradecir la tan mentada falta de interés en la participación ideológica.
Hay varios tipos de inscripciones en los carteles, algunos discuten ideológicamente, reprueban o limitan las propuestas que se leen con acotaciones más o menos profundas sobre la ideología del candidato. Algunos de estos alteran parte de los slogan, tachando palabras o sumándoles comentarios que modifican o invierten los mensajes políticos. Otros eligen intervenir las fotos con signos que parodian o ridiculizan al candidato. Y finalmente, hay quienes, quizá más superficiales, se ocupan del aspecto físico del candidato opinando sobre cosmética, vestimenta o aseo personal.
Hija de la indignación o de las ganas de manifestarse, esta forma de expresión repone el debate político con contenido y muchas veces con ingenio. Aun aquellas pintadas que no muestran ideas y se quedan en la superficie pueden entenderse como una crítica a campañas hechas de caras y nombres (ya que a veces ni siquiera hay apellidos).
Discutiendo ideas, reclamando por promesas incumplidas o recordando antiguas filiaciones de candidatos que parecen renacer en cada elección limpios de pasado, el marcador justiciero hace contra campaña desde el lugar del particular, inscribiéndose en el margen de un sistema que pretende dejarlo indecorosamente afuera.

23 de octubre de 2007

Volver al futuro

(Soda Stereo. Estadio de River. 19 de octubre de 2007) Cuando saqué la entrada para ver a Soda Stereo en River era conciente de que había comprado la llave para abrir un baúl del que no había certeza sobre la calidad del contenido.
Por suerte (o a veces por desgracia, para qué negarlo) los años no pasan en vano, y 10 son realmente muchos años, aún para la música. Los discos de Soda habían sido prudentemente archivados y hacía tiempo que estaban juntando polvo, así que el reencuentro con sus canciones, sujetas a ahora a revisión, iba a operar, sin anestesia en en el campo del estadio. Corría serio peligro de que todo sonara a viejo, de sentir la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser fan de Soda Stereo.
Cerati, Bosio y Alberti, propulsados a fuerza de millones de dólares, tuvieron la sabiduría de ofrecerse como catalizadores para los que íbamos a ver qué onda con Soda ahora. Por eso, toda la noche dio la impresión de que lo verdaderamente importante no ocurría en el escenario, sino entre el público, que saltaba y coreaba cada tema.
Y yo, una más en la masa, al abrir el baúl, encontré de todo. Canciones con olor a moho (Nada Personal, Cuando pase el temblor, Un millón de años luz, Corazón delator!!) que en su momento decían mucho y ahora suenan viejas, y hasta un poco grasas. Pero lo más importante, y lo que decidió definitivamente el saldo positivo de la experiencia, fue el reencuentro con otros temas inoxidables y efectivos al cien por ciento, ADN total de hit de hoy y de siempre (Juegos de Seducción, Persiana Americana, Danza Rota, Prófugos, Picnic en el 4to.B) y la sorpresa de descubrir letras que, lejos de envejecer, el tiempo- o la madurez del oyente- resignificó y valorizó aún mucho más (Signos, Imágenes retro, En remolinos, En Camino).
“Me verás volver”, decía la promoción, y los vimos volver a los Soda nomás. Más viejos, más pelados, más especuladores, más millonarios. Pero también, y capaz a pesar de ellos, con el peso de tener que compartir su historia con los inversionistas que les compramos los discos y las entradas. Para nosotros, que lo vivimos con gozo, desinterés e inocencia, la noche resultó una fiesta.


No es por decir, pero…

* La que tocaba la batería: ¿era la tía gorda y canosa de Charly Alberti? Y continuando con el tópico: en todos estos años, ¿no aprendió a tocar un poco mejor la batería?
* ¿ Qué fue del Club de la Furia? En qué geriátrico estarán internados sus fundadores?
* ¿ Cerati se habrá hecho el implante capilar “pelo por pelo”? Esos rulos al viento no resisten el archivo, no jodamos, algo se puso!! Hay quien asegura que pasó por pelucas Possi.
* ¿ Habrá estado Débora del Corral en el backstage?






15 de octubre de 2007

Mañana tampoco debería seguir siendo esto



(Gabo Ferro, “Mañana no debe seguir siendo esto”) A poco menos de un año de sacar su segundo disco, “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, Gabo Ferro mandó a la calle el tercero, “Mañana no debe seguir siendo esto”, dejando en claro por lo menos dos cosas: Que tiene muchas ganas de componer, y que le divierte muchísimo que uno se tome su tiempo para decir el nombre entero de sus discos.
Es un disco complicado, no muestra nada nuevo, que no hayamos escuchado en el anterior, o en el primero, “Canciones que un hombre no debería cantar”. La diferencia tal vez esta en las proporciones.
Desde que Gabo abandonó Porco para presentarte como solista, estuvo clara su intención de identificarse con los sonidos folklóricos y los cantautores de los setenta. Una mezcla de Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez y el sonido viejo de Spinetta. Algo que llegaba a comprarte de Gabo Ferro (en especial en el primer disco) es que lograban un equilibrio. Había canciones casi de protesta, canciones relajadas apoyadas en cuerpo entero en las letras, canciones divertidas, donde aprovechaba los residuos de Porco para darle ritmo a la mezcla. De hecho, los puntos mas altos a nivel compositivo eran aquellos donde todas las características antes nombradas se mezclaban, dando lugar a canciones como el “El amor no se hace” o “Tapado de piel”, con letras excelentes, un ritmo envidiable y una exhibición asombrosa de la capacidad de las cuerdas vocales de Gabo. Pero en este trabajo se olvido de dosificar. Son canciones que le ceden el protagonismo casi completo a su faceta “Silvio Rodríguez”, dejándole un papel algo menos importante a su parte “Mercedes Sosa”, y donde se olvida definitivamente que alguna vez existió Porko.
Lo complicado del disco es que cuesta decir que es malo. Las canciones son buenas, o por lo menos mantienen la calidad de sus viejas canciones. Lo que falla, principalmente, es la ausencia de temas divertidos, que desintoxiquen de tanta letra barroca.
Aunque también es cierto que hay algunos decididamente malos como el que abre el disco, “Para traerte a casa”, que pretende ser una fábula, pero se vuelve graciosa (sin que sea la intención de Gabo) al usar tópicos como “El cazador” y “La paloma”, una canción anacrónica, aburrida, que no despierta el mas mínimo interés.
Hay un solo tema en el disco que cumple el rol de sencilla y depuradora:“Cuando el amor no entra”. Recupera un “estilo” que Gabo ya usó en “El amor no se hace” o “Están dopados los enamorados”, canciones simples, con letras simpáticas, casi graciosas, y con un ritmo amable.
El resto del disco se mueve entre sonidos folklóricos, algunos con pinceladas de tango, y mucha canción setentista. Dentro de ese gran grupo hay puntos luminosos, como “Que llegue la noche”, “De paso”, “Un par de cositas nuestras”, o “Tu amor como el hambre”. Pero estos se pierden dentro de un disco bastante monótono, donde ya no abundan los cambios de ritmo como en los anteriores trabajos, si uno no esta prestando demasiada atención a lo que escucha.
Es una pena, la gran virtud que supo tener Gabo era mezclar y reciclar géneros como el tango, el folklore y la canción de protesta, realizándolos desde la óptica de un músico que venia directamente del rock. En ese cocktail, sumado a su voz, Gabo se presentaba como un músico sumamente recomendable para seguir de cerca.
Si bien no se puede decir que este disco signifique una caída libre dentro de la calidad de sus canciones, tiene un fuerte olor a tropezón. Da la sensación de que le gustaron demasiado los sonidos que estuvo probando, y que planea dejar atrás definitivamente su pasado. Lo malo de esto es que esa elección eliminaría los rasgos que hacían de Gabo Ferro un músico diferente, transformándolo en un buen músico, pero anacrónico, y seguidor de un estilo que en pleno siglo XXI, ya es viejo
No es por decir pero…
Cosas que un músico no debería hacer:

*Quiero armar un concurso especialmente inspirado en el lanzamiento de este disco: “¿Qué otra cosa puede significar esta tapa?” *¿Hasta cuando vamos a perder el aliento para nombrar la discografía de Gabo? ¿Es que el muchacho no tiene poder de síntesis? “Canciones que un hombre no debería cantar”, “Todo lo sólido se desvanece en el aire” y “Mañana no debe seguir siendo esto”. ¿Para el próximo podrá reducirse a una sílaba, para que podamos recuperar el aliento?
*En pleno 2007, ¿no es medio aburrido que me hables de cazadores y palomas Gabo
?

27 de septiembre de 2007

Un dandy con armónica


Cansado de grabar el nuevo CD que va a traer de nuevo a Roxy music desde los 80, Brian Ferry dijo basta, se aflojó la corbata, se desbrochó el primer botón de su camisa Prada (no es posible imaginarlo en chomba o en jogging) y se tomó un respiro. Este respiro es Dylanesque, un disco homenaje donde versiona temas de Bob Dylan.
Hay un mito que dice que las canciones de Dylan suenan mejor en una voz que no sea la suya. Este disco no viene a desmentirlo, la cuidada interpretación y los arreglos prolijos e inspirados nos devuelven viejos hits revolucionarios flamantes como si estuvieran recién escritos.
Pero no se conforma con eso nuestro atildado dandy. En una época en que los discos homenaje parecen ser un buen negocio, Ferry nos presenta su particular idea de lo que significa hacerle a alguien un cumplido. Seguramente es difícil quitarse el sombrero frente a un mito cuando se es, como en este caso, casi una marca registrada; y mucho más cuando las características propias de esta marca son diametralmente opuestas a las del homenajeado. “ Una canción puede ser lo que quieras que sea. Crecí con la idea del jazz de que se puede hacer una canción de muchas formas distintas" contesta a un periodista de El Mundo de España que pretende crucificarlo por limarle las asperezas a The times they are a changin. Y esa parece ser la clave para entender lo que Brian Ferry entiende por hacer un cover. Lejos de hacer versiones respetuosas que recuerden al original, Ferry convierte fatalmente las canciones de Dylan en otra cosa, usa las melodías y letras como materia prima y las moldea hasta hacerlas otras, distintas, sorpresivas.
Los 11 temas elegidos son del Dylan de los 60 y esta elección habla, quizá, de encontrar las canciones en estado puro, en versiones que piden a gritos ser revisitadas. Y así, como por arte de magia o del glam, un par de hits revolucionarios y varias baladas ya clásicas se convierten en canciones que parecen escritas desde siempre para ser cantadas por Ferry.
Hace falta volver a las versiones originales para entender totalmente cuánto de juego hay en el proyecto, pare ver que la apuesta está en no dejar nada en donde estaba. La mismas letras en la voz de Ferry cobran otro sentido, son re interpretadas y parecen decir otras cosas. La historia de un bohemio reventado en Just like tom thumbs blus queda convertida en el lamento de un bont vivánt glamorosamente arruinado, y la calamaresca If not for you en un galanteo ultra sexy. Cuidadosamente le quita el cuerpo a la canción de protesta y cambia, con distinción, agresividad combativa por una distante ironía. El himno revolucionario The times they are a changin es un caso particular en este sentido. Esta canción, en su momento un estandarte contra Vietnam, sin cambiar una palabra queda convertida en una prima hermana del Heroes de Bowie, que hace pensar que los vientos de cambio que se avecinan harán un mundo, sino mejor, seguramente más lindo.
Pero no sólo se limita a estilizar las canciones, quitarle al viejo Bob el vino de la mano y ponerle un brandy en su lugar. Simple twist of fate y All I ready I want do (que esconde también un homenaje a la versión de The byrds), por ejemplo, son despojadas de su melancolía y se convierten en hitazos de Roxy music. Sólo en Gates of eden y aún más en Knocking on heavens door, hay un verdadero homenaje, un saludo respetuoso a la armónica más notable de la historia de la música (aunque le pese a León).
Brian ferry asegura en sus entrevistas que no conoce personalmente a Dylany que no sabe, en realidad, qué piensa de sus versiones. Cuando se le pregunta qué le diría si se encontrara cara a cara con él. Brian se hecha para atrás en la silla, se aparta su flequillo descuidadamente ordenado de la frente y contesta con elocuente sobriedad inglesa: “Le diría: Espero que no te importe”.

23 de septiembre de 2007

Terranova said...

Juan Terranova me recibe en el segundo piso de su casa de Caballito junto a sus dos gatos guardianes. Apenas se entera de que soy estudiante de TEA vocifera: “¡Arrepentite a tiempo y dejá ya mismo de estudiar, el periodismo es una mierda!”. Dice que cuando terminó la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires pensó que había pasado unos cuantos años en un ambiente miserable, pero que ahora se dio cuenta de que la tarea periodística es todavía más ingrata.
Se lo ve enojado, hace un par de días que lo echaron de Perfil, en donde era redactor en el suplemento de cultura. Cuenta que lo despidieron por poner la cara en las asambleas y paros que reclamaban aumento de sueldos en el diario de Jorge Fontevecchia. Califica al gremio de prensa como jodido y traidor y cuenta dos o tres anécdotas sobre carneros y puñales traperos que hacen al escucha cuestionarse su vocación. Ahora reparte su tiempo entre buscar trabajo, escribir su blog y proyectar sus dos nuevos libros, uno sobre la Virgen María y otro sobre santos, con los que piensa completar la trilogía católica que inició con La Virgen del cerro, una crónica sobre la aparición milagrosa en Salta.

La nueva narrativa:
A Terranova se lo relaciona con la autodenominada “Joven guardia”, un grupo de escritores que no superan los 35 años y que, con dos antologías en el mercado, son por estos días el fenómeno de moda en el ambiente literario. Sobre esta supuesta nueva generación, que forman, entre otros, Pedro Mairal, Washington Cucurto, Florencia Abbate, Pablo Alí y Oliverio Cohelo, cuenta: “La Joven Guardia es un nombre un poco ridículo que se le ocurrió a Maximiliano Tomas, pero que a todos nos sirvió mucho. Previo de este invento yo ya había editado dos novelas que solamente habían leído mis amigos.
En la literatura los espacios se negocian. Nadie viene y te dice: “Che, formen una generación de nuevos escritores, publiquen que yo les pago todo”. Los espacios los tenés que pelear y tomar cada oportunidad que se presente. En nuestro caso fue el suplemento de cultura del diario Perfil. Desde ahí empezamos a publicar artículos y a reseñar a escritores de más o menos 30 años. De repente descubrimos que “jóvenes escritores” era una marca que el mercado no estaba utilizando, y la aprovechamos”.

Los Blogs:
Terranova es periodista, publicó tres libros (El Caníbal-2002-, El bailarín de Tango -2005- y El pornógrafo-2005) y actualiza todos los días su blog http://elcocinerosalvaje3.blogspot.com. Sobre las diferencias entre estas tres actividades, que se pueden pensar muy similares, dice: “Lo puedo explicar comparándolas con la actividad de un músico. Ser periodista es como ser sesionista de una banda tipo Vilma Palma e Vampiros, toco algo que no es mío, que no me gusta y me llevo la plata, eso es para mí el periodismo. En cambio escribir libros es parecido a componer para un disco solista, preparar con cuidado tu obra, pulir la forma en la que te expresás, definir lo que querés contar y que querés que se recuerde de vos. Por último, la producción de un blog se asemeja a una zapada entre amigos, es algo natural y espontáneo, hecho con la libertad de lo que se sabe efímero.
El blog te permite probar cosas directas, en un espacio reducido de publicación inmediata, donde ni el lector ni lo que pusiste importa tanto, entonces aparecen cosas interesantes y en un estilo desacartonado que es bueno y nuevo.
Igual, antes era muy fanático del vértigo del blog, pero ahora estoy más sosegado, no quiero una superproducción literaria. Pienso enfocarme más en proyectos puntuales… propongo para mi vida menos punk y más familia”.

Los libros y la fe:

La literatura de Terranova siempre recorrió temas que le interesan ersonalmente: el tango, la pornografía, los medios de comunicación, pero en su último libro se adentra en territorios que a priori podrían pensarse ajenos al ámbito intelectual: los prodigios milagrosos de la Virgen del Cerro. Tal como lo hiciera su compañero de liga Washington Cucurto al retratar el submundo de las bailantas y los inmigrantes en Buenos Aires, Terranova dirige su mirada al ámbito de la fe: “Si uno busca libros sobre la fe, se encuentra con cosas muy berretas, con tipos como Victor Sueiro. La literatura actual no se interesó por esos temas.
Por eso traté de hacer un libro anfibio: que lo pueda leer el creyente que quiere saber sobre el milagro y no consume literatura habitualmente, pero en el que también un universitario pueda encontrar un placer estético.
En Salta estaba del lado del peregrino, fui uno más y viví todo lo que pasaba. Estando ahí resultó muy difícil distinguir cuando fui cronista y cuando protagonista. Tengo una formación cristiana que respeto, me interesa el universo de la creencia, así que no tengo problemas para identificarme con el peregrino. Puedo ponerme a rezar, entiendo lo que le pasa a una persona cuando reza, porque entiendo lo que me pasa a mí. Estoy orgulloso de haber escrito un libro que puede leer y entender mi abuela.
Por todo esto no pensé que La virgen del cerro iba a ser tan bien recibido por la crítica. Es cool ser ateo: esta bien visto decir yo no creo en nada, me paso por el culo 2000 años de historia de la humanidad. Pero, aunque la tapa que es medio new age, un poco grasa, el libro fue leído y se empezó a rescatar la calidad la escritura de algunos capítulos más allá de todos estos reparos.”
Creditos: esta nota fue realizada con el invalorable aporte de Gaby Valdovinos en la entrevista y en la fervorosa disidencia y de Javi Simeoni en la maratónica y a altas horas de la madrugada, edición final.

20 de septiembre de 2007

Cuatro personajes en busca de un autor

(Lectura de poesía de Editorial Vox en Santiago Arcos) La cita era a las diecinueve y treinta, pero solo una mente ingenua podría pensar que el asunto iba a ser puntual. Recién a las veinte abrieron la puerta y como es obvio en estas ocasiones, fue necesario esperar una larga hora mientras los protagonistas directos e indirectos se dedicaban a sociabilizar y hacer notar su presencia.
Lo bueno fue que el vino no faltó y al ser una librería, era fácil distraerse ojeando las estanterías. Eso si, de acercarse a la mesa donde se encontraban los libros de Eloisa Cartonero, debía tenerse mucho cuidado, porque estaba custodiada por dos chicas que no dudaban ni un minuto en acosar a cualquier observador desprevenido vociferando las novedades con las que contaban.
Mientras tanto los poetas circulaban por la sala, demostrando ya desde su indumentaria el estilo que caracteriza su literatura. Así por ejemplo Washington Cucurto llevaba puestos unos jeans descuidados, una camiseta de fútbol, y encima de ella una campera con “Palermo Chico” inscripto en la espalda; Fabián Casas un jean normal con una remera de Kiss, como cualquier hijo del vecino; Juan Desiderio el look clásico del bohemio que ha pasado largo tiempo recorriendo los pasillos de la facultad de letras; y Rodolfo Edwards un adecuado traje. En fin, todo un esfuerzo para no sorprender a nadie violando el estereotipo.
Una vez superada la espera, empezaron las lecturas. El primer turno fue para Washington Cucurto (Santiago Vega). Fue presentado por Fabián Casas, quien contó: “Cuando lo conocí, lo ví venir y pensé `Este negro de mierda seguro que me roba`. Él, por su parte cuando me vio pensó `Este negro de mierda seguro es puto´”. Como podrá verse, un nuevo intento por no dejar de jugar con la imagen que tanto supo explotar el escritor.
De la lectura de Vega se puede decir muy pocas cosas. Sigue fiel a su estilo, de crónicas sobre el submundo de las clases marginadas de Buenos Aires. En este caso en forma de poesía, pero el único cambio concreto que aportó el formato, fue pretender cierto profundidad que no logró alcanzar en ningún momento y una especie de critica social, muy ingenua y superficial. Imágenes muy simples, que se mantienen atadas al imaginario popular sobre el “cabecita negra”, y solo consiguen sacar una sonrisa cómica de vez en cuando.
El siguiente turno fue de Juan Desiderio, presentado con una anécdota que lo pintaba como un gran metafísico de la carrera de Letras. Las poesías que leyó sin llegar a maravillar tenían sus puntos rescatables. Un buen manejo del ritmo, aprovechando bien el sonido de las palabras, aunque por momentos el registro usado fue bastante pretencioso. Eso si, todo leído de una forma muy expresiva, cual trovador en plaza.
Rodolfo Edwards resulto ser el momento más surrealista de la noche. Vestido con su traje, apareció en escena luego de que Casas contara como lo conoció oyéndolo declamar una arenga política muy brillante en una radio cuyo alcance era de dos cuadras a la redonda. Sus poesías fueron sobre todo simpáticas. Mucho humor, mucho juego de palabras fácil, casi obvio y retratos urbanos de diferentes zonas de Buenos Aires. Divertido para ser escuchado, pero dudoso para tener en la biblioteca. Mención aparte para el final de su participación, anunciando que se dará un gusto, para luego tocar una corneta y tirarse papel picado encima, cual Alacrán después de sus chistes.
El último en leer fue Fabián Casas, el único que ofreció algo realmente interesante. Poesías casi minimalistas, sin despegarse en ningún momento de lo cotidiano, con anécdotas de su pasado y situaciones aparentemente intrascendentes. Pero armando con ellas imágenes muy agradables y cargándolas de un sentido mas elaborado. Muy similar a su prosa, pero aprovechando las libertades que da la poesía para detenerse mas en los detalles.
En definitiva unas lecturas que fueron de menor a mayor, donde ninguno de los escritores pareció muy preocupado en proponer algo nuevo de si mismos.



No es por decir pero…
Apostillas de una jornada con la Joven Guardia…
*Washington Cucurto o Santiago Vega debería practicar un poco antes de leer sus cosas en publico. Son entendibles los nervios, pero si él mismo se equivoca en sus poesías, leyendo signos de pregunta cuando en el poema se afirma, o marcando mal las pausas… ¿Qué podemos esperar de lo que lean los demás?
*Todo bien con que sean chicos que se quieren mucho entre si y que les guste juntarse a hablar. Pero armar un ciclo de lecturas para estar chusmeando una hora o mas, y luego leer durante quince minutos, veinte como mucho… ¿no les parece demasiado?
*Una señora de pelo seudo rojo estaba desesperada por ser el centro de la escena. No conformándose en hacer comentarios a viva voz mientras los demás en silencio escuchaban a los escritores, se paso toda la noche gesticulando para todos lados y haciendo onomatopeyas para demostrar que lo leído era de su agrado.



19 de septiembre de 2007

14 de septiembre de 2007

Noticia sólo para crédulos


Parece que en abril viene The Cure a la Argentina....

(una vez más y ya van...)
los sobretodos negros están medio arratonados de tanto esperar!!

4 de septiembre de 2007

Afiebrado


(39º,Lisandro Aristimuño) El año 2006 trajo una gran sorpresa: Lisandro Aristimuño. Un tipo de Río Negro, muy interesante, que con canciones sencillas, buenas letras y un sonido muy prolijo prometía sacudir un poco la música en Buenos Aires.
Llegó e hizo ruido enseguida. La cantidad de gente que iba a sus recitales crecía exponencialmente a cada show; no tardaron en hacerle entrevistas y notas en varios diarios. El famoso artista revelación.
En el 2007 salió su tercer disco y el resultado es desalentador. El muchacho parece que fue víctima de los elogios recibidos. Es un disco que explota cada uno de los estereotipos que usaron en el pasado para hablar bien de él: El chico del interior, el chico sensible, el chico experimental.
Explota tanto esos rasgos que los lleva al ridículo, por momento a la parodia. La sensación que da escuchar estos 39º es que Aristimuño equivocó el camino. Potenció detalles negativos que en los anteriores discos ya aparecían y disolvió los rasgos positivos que hacían que uno se los perdone.
Es un disco que perdió la simpleza en la música, y la profundidad en las letras. En más de un caso parece incluso una cargada: “Pez”, con su amasijo de voces, o “El búho” con los efectos de fondo que dan la sensación de que Lisandro se compró un sampler y estaba ansioso por estrenarlo.
También resulta obvio que el personaje de “chico sensible del interior” le dio resultado, porque en sus letras abundan las frases que parecen puestas para que uno recuerde que Lisandro Aristimuño es un chico de las provincias, que ama a su país. En “Me hice cargo de tu luz”, por ejemplo, con “me perdi en el azul de todo el cielo de Mendoza”, o “me hice cargo de tu luz, cortando el viento Zonda”, da la impresión de que hizo un taller con Leon Gieco.
También en muchos momentos confunde lo simple con lo chato. Como en "La despedida" –“¿Qué le voy a decir si se va?.... ¿Qué vuelva?... ¿Qué no?”-. Quizás si hubiese trabajado bien la letra sería una buena canción, pero así da la sensación de que improvisó con lo primero que se le vino a la cabeza.
Se pueden contar con los dedos de una mano (y sobrarían) los momentos en que Aristimuño alcanza el nivel de sus anteriores discos. Uno de esos ejemplos es “El plástico de tu perfume”, donde la orquestación esta muy bien elegida y la letra excelentemente trabajada. También podría considerarse dentro de ese grupo a “Tus Canciones”, casi en una tonada de cuna en su melodía, con una letra agradable.
Otro momento interesante del disco es “Para verte hoy”, que pese a empezar con los “famosos” gemidos de Aristimuño -¿Quién le habrá dicho que queda bien balbucear gemidos en una canción?- enseguida se recupera, y puede que sea el único ejemplo donde la “nueva” búsqueda de Aristimuño da resultado. Fuerte presencia de bases electrónicas, un sonido más cercano al pop y una buena letra.
Si fuera el disco de otra persona, la sensación sería mucho más agradable. Pero habiendo conocido sus anteriores discos ("Azules turquesas" y "Ese asunto de la ventana") y teniendo en cuenta la expectativa que había generado (se lo pensaba sucesor de Kevin Johansen o Jorge Drexler, o al menos era costumbre compararlo con ellos), uno esperaba mucho más de este tercer disco.
Hay músicos que se vuelven víctimas de su propio “éxito”. Como Miranda con su música para adolescentes y Leo García con su pop gay. A Lisandro Aristimuño se le subió a la cabeza el cantautor meloso del interior. Esperemos que para el próximo disco le baje un poco la fiebre, y vuelva a ofrecer algo nuevo.


No es por decir pero...
¿No tiene una madre que le diga que…?


*... poner cara de niño amoroso en recitales, más que jugarle a favor hace que uno tenga ganas de patearle la cara.
*... esta perfecto gemir y balbucear cuando compones, es mas facil estructurar una melodía sin preocuparse en la letra. Pero una vez que la cancion esta hecha….gemir queda feo… mas si te gemis 5 horas por recital.
*... esta muy bien que quiera mucho a su hermana… Pero basta de hacerla zapatear en los recitales, somos gente grande.