


Odio hacer listas, me pongo nerviosa, dudo, me conflictúo...


¿En qué cabeza cabe que alguien puede casarse con 10 discos por toda su vida?
La lista no puede sino cambiar permanentemente, entran salen, me enamoro y me desenamoro de discos todo el tiempo... No soy tan coherente.
Pero, si te llaman a jugar, es mala educación decir que no. Y como
el personaje de Michael Fox de "Volver al fururo" no tolero que me llamen "Gallina". Por eso aunque sé que una vez cerrada voy a acordarme de injustos olvidos y voy a morir por reescribir este post o sumarle parches justicieros, acá va mi lista...Pero primero establezcamos los criterios generales que me permitieron armar la
renuente lista. No soy capáz de justificar cad
a elección una por una como lo hicieron otros de mis compañeros de blog. El resultado puede parecer caótico y arbitrario (y en verdad lo es), pero todos los títulos coexisten en el ilógico y heteróclito universo que forma mi particularísimo gusto. Y aunque no lo parezca, tiene sus reglas: para evitar la trampa que supondría caer en pasajeros enamoramientos o infaustaciones temporales, decidí sólo incluir aquellos discos que cumplan algunas condiciones básicas que los hace ser digno de este galardón. Todos los discos más abajo citados:
- Me acompañaron, al menos, por 5 años (una medida prudente para saber que una relación de amor musical es genuina).
- Pueden ser escuchados con cualquier estado de ánimo y en cualquier momento del día e, invariablemente, producen exactamente la misma alegria (hay ciertos títulos muy oportunos para situaciones puntuales que no se sostienen en otras, esos tuvieron que ser depurados).
- Tienen una rara influencia sobre el botón
de repeat de mi equipo. Si el sentido común no lo impidiera o no existiera el riesgo de gastarlos, cada uno de ellos podrían sonar una y otra vez has
ta el fin de los días sin provocar hartazgo. - Pueden ser detectados cuando suenan en un lugar público en menos de 5 segundos independientemente de lo lejano que se escuche o los decibeles del ruido ambiente. Convierten cualquier lugar en mi casa.
- Son recomendables e irrecomendables en proporciones iguales. Fueron grabados en infinitas oportunidades para un infinito número de allegados (lo que llevó tambien a perderlos muchisimas veces). Quisiera que todos (TODOS) sintieran lo mismo que yo al escucharlos, dediqué horas a defenderlos y no pierdo oportunidad de hacerlos sonar en fiestas y reuniones aún a riesgo de despertar la ira pública (también como excusa para escucharlos una-vez-más y ). No puedo entender cómo pueden NO guastarles a alguien, pero, internamente, sé que no son de todos, que son mágicos sólo para mí.


Achtung baby. U2: El disco en que los U2 dejaron las calzas negras para decidirse a hacer música del siglo XXI. Cuando Achtung llegó a los minicomponentes doble casetera no entendimos demasiado, pero nuestros oídos de medio pelo sospecharon que nacía un clásico y no se equivocaron.
You are the Quarry. Morrissey: Mozz resucita de sus cenizas y se digna de enseñarnos a todos porqué es el mejor de Los Smiths.

Desintegration. The Cure: Canciones con un nudo en la garganta, oscuridad y golpes bajos, instrumentaciones interminablemente bellas, la voz decadente de Robert Smith y "Pictures of you" hacen de Desintegration el combo perfecto para todo buen depresivo con sensibilidad musical.
El Album. Fricción: Por Richard Coleman encadenado a un micrófono cantando "Héroes", y listo.
Esta boca esta boca es mía. Joaquín Sabina: representa la música española, pero bien. Siempre en el delicado límite entre lo simple y lo grasa, entre lo directo y lo chabacano, Joaquín Sabina aprovecha el idioma para que sus canciones se vuelvan poesía.
Mundo de Acción. Francisco Bochatón: cuando Bochatón se volvió menos Girondo y más romántico. "El candado", "Vida Simple" y otras son obras eternas del gran cantautor desafinado platense.
Foreign Affairs. Tom Waits: quizás el más redondo de los discos del viejo Tom. Un clásico para escuchar copa en mano
Grandes Exitos. Miguel Bosé. Como si esta lista no fuera lo suficiente incoherente y ecléctica, dejé para el nro. 11, fuera de programa, como suerte de confesión final, de esas que se guardan para pasada la medianoche susurrar vergonzosamente, al gran Miguel. Bosé no tiene un disco entero bueno, por eso este grandes hits con su foto en la tapa resulta perfecto para tener en nuestras discotecas al admirado efebo español. Las mejores canciones de su repertorio para canturrear mientras se limpia la casa o en un viaje en colectivo. Si, chorrea grasa, pero lo banco a Bosé.



Sus libros los editaba él mismo, limitándose a una distribución de puerta en puerta, con sus librerías amigas, confinándose a un grupo de selectos y fieles seguidores.
Pero las diferencias existen y son marcadas, para empezar en sus dibujos. Mientras Burton pertenece más al mundo de la historieta, con dibujos caricaturescos y rasgos exagerados, Gorey es más realista. También es más detallista. Cada viñeta de "La pareja abominable" merece ser observada con mucho detenimiento, ya que está minada de pequeños detalles, desde la expresión de los personajes hasta los cuartos en los que se encuentran. Por momentos parecen verdaderos cuadros.
El libro comienza a todo trapo, con la historia que le da el nombre al libro, "La pareja 















