16 de mayo de 2009

El pasado los condena

(“El Desencanto”. España.1976. Dirección y Guión: Jaime Chaverry; Producción: Elías Querejeta) Los protagonistas de El Desencanto tienen que lidiar con una ausencia demasiado presente en sus vidas. El difunto Leopoldo Panero- genio y figura española, poeta oficial de Franco y hoy estatua de plaza- a veces los enorgullece y otras muchas los enoja y abochorna, pero nunca los abandona. Su mujer y sus tres hijos lo evocan durante todo el documental como una sombra de la que no se pueden evadir, como “una gran mano” que los cubrió durante toda su vida.

Si no fuera tan simpático y zumbón, el clan Panero sería un grupo insoportable. Se exhibe con la impudicia que da un apellido ilustre y puede darse el lujo de ser decadente y elegante al mismo tiempo. Con gracia y naturalidad, saca sus trapos al sol en la seguridad aristocrática del que sabe que sus pequeñas bajezas importan al resto.

En El desencanto, el discurso fragmentado, la ilusión de sorprender a los protagonistas en charlas privadísimas, se completa con el efecto del clásico blanco y negro que evoca al glam ajado de celebridades cuesta debajo por Sunset Boulevard.

Durante una hora y media, ante una cámara que los registra con la contemplación pasiva que solamente provoca el deslumbramiento, los cuatro Panero cuentan su historia familiar e intentan describirse. Pero, en el marco de discusiones y declaraciones que harían regodearse a Freud en la tumba, siempre se ven obligados a aludir al padre muerto. Su imagen los define, ya sea por admiración o por rebeldía. El director, Jaime Chavarri, los deja pacientemente deschavarse, y de a poco se convierten en guionistas involuntarios de un documental de estructura impecable.

El hermano mayor, Juan Luis, emula al padre, pero no le da el cuero. El segundo, Leopoldo Jr., trata de combatirlo (en un fallido, incluso confiesa que siempre quiso cogerse a su antepasado), pero termina remplazándolo involuntariamente en el lugar de poeta insigne y objeto de devoción de su madre. En tanto, Michi (amigo del director, alma mater del proyecto, y maestro de ceremonia de este concierto de locos) se define como un huerfanito guapo y justifica su desidia existencial en la ausencia de figura paterna.

Por último está la madre, que por no portar el apellido sagrado, por no pertenecer a la patria Panero, lleva la carga de incomprensión al extranjero: es doblemente condenada por no saber adecuarse a la idiosincrasia del poeta ilustre y tampoco a las demandas de renovación de los hijos.

En esta sucesión de debates y entrevistas, los conflictos de esta familia disfuncional parecen tener eco en una caja de resonancia mayor. El padre fue la España vieja, de la guerra civil que ya pasó, y sus hijos, como la España post-Franco, no saben decir quienes son, y, para peor, sospechan que no son nada bueno, porque vienen podridos de raíz.

En conclusión, si papá Panero se despertara de su sueño eterno repudiaría sin duda a todos y a cada uno de sus hijos (y el Generalísimo los mandaría a fusilar sin piedad). Esta condena podría significar tranquilamente un halago si Juan Luis, Leopoldo y Michi (o la España democrática) hubieran sabido qué hacer de bueno con su rebelión bajo protesto.


25 de marzo de 2009

6 de marzo de 2009

Nightmare before Hanukkah (El extraño mundo de Keret)

(“La chica sobre el refrigerador”, Ed. Siruela; “Extrañando a Kissinger”, Ed. Sexto piso; “El chofer que queria ser Dios”, Ed. Emece. Etgar Keret) Cuando se toma contacto por primera vez con los cuentos de Etgar Keret, es imposible no sentirse sorprendido. En primer lugar por el origen israelí del escritor, país del que no suele llegar mucha literatura y mucho menos contemporánea. En segundo lugar, por su estilo, desenfrenado y muy poco conservador. Pero principalmente, por el universo que se dibuja a lo largo de sus narraciones.

La fantasía keretiana da lugar con la misma naturalidad a traumas de la infancia, ángeles que no vuelan, niños que encuentran huevos de dinosaurios, chicas que sólo encuentran la paz sobre un refrigerador o magos que sacan de su galera conejos decapitados y bebes muertos; e incluso una visita guiada por el infierno reservado para los suicidas. La realidad que se presenta en sus cuentos es una realidad donde todo es posible, siempre y cuando sea lo suficientemente perverso.


Salvo contadas excepciones, las temáticas que uno puede suponer protagonistas en un escritor de ese país (como la religión judía o la guerra) en los cuentos aparecen solamente nombrados al pasar. Pero a la larga se presentan como sombras inevitables y un marco necesario para que se desarrolle la acción que termina robando el protagonismo.


Pero quizás lo más sorprendente es el dominio de Keret sobre el humor negro. A pesar de lo terribles que puedan resultar algunas narraciones, siempre están atravesadas por un hilo de humor. Creado por un uso del absurdo similar al que se puede encontrar en las obras de Rodolfo Wilcock o Alberto Laiseca. Situaciones que apenas leídas hacen que se escape una sonrisa, y dos renglones después uno se sienta una basura por haberse reído.

Pero, de todas formas, también hay lugar en sus libros para la angustia sin concesiones. En cuentos como La novia de Korbi, el autor da lecciones magistrales de cómo manejar el suspenso. Logrando que uno sienta una incomodidad tal, que trae recuerdos de los grandes maestros de la sutileza como Poe o Quiroga.


Etgar Keret es una joya muy poco difundida, y quizás por eso es tan difícil de encontrarlo en librerías. Al día de hoy circulan tres ediciciones diferentes de sus cuentos. El chofer que quería ser dios, editado por Emece; Extrañando a Kissinger, de Sexto piso editora, y La chica sobre el refrigerador, de editorial Siruela.

Las diferencias entre las ediciones son pocas, más allá de lo económico. Extrañando a Kissinger y La chica sobre el refrigerador compilan prácticamente los mismos cuentos entre si, dejando la diferencia más que nada en el precio, la calidad de la edición, y la facilidad para conseguirlos, más elevados todos en Siruela.


El Chofer que quería ser dios
forma parte de la extensa cantidad de maravillas saldadas que tiene la editorial Emece, por lo que es sumamente difícil de encontrar, pero exageradamente económico de pagar. Tiene un criterio, al momento de seleccionar los cuentos, lo suficientemente diferente como para justificar su compra. Pero su principal valor agregado, es la inclusión de la novela corta Kneller's Happy Campers (que tiene su versión cinematográfica, Wristcutters: a love story del director croata Goran Dukic Patrick, con Tom Waits en el papel protagónico), donde se nos invita a visitar el infierno de los suicidas. Una realidad idéntica a la nuestra, solo que un poquito peor, donde personajes como Kurt Kobain rondan las calles intentando ocultar la manera en la que eligieron matarse.

De todas formas, cualquier edición a la que el bolsillo o el azar nos permitan acceder es sumamente recomendable. Keret triunfa en un sentido en el que pocos escritores pueden triunfar, creando su propio estilo, único y reconocible a la distancia. Eso hace que la lectura de sus cuentos maraville, empujándonos a recomendar y buscar mas obras suyas.

26 de febrero de 2009

El futuro llegó hace rato

De Filias y Fobias, siempre en la avanzada de la cultura y el espectáculo, vio y criticó hace rato Death Proof, la peli de Tarantino que se estrenó esta semana en los cines de Buenos Aires.

Para los que quieran repasar los conceptos allí vertidos, y para los que infame y desaprensivamente decidieron no leer ese post en su momento, les dejamos el link acá para que accedan a la nota.

22 de febrero de 2009

Un muchacho y una guitarra

(Madera y poca luz, Espaldamaceta) No es mucho más que eso lo que uno puede encontrar en este álbum debut de José Juan Gonzáles, bajo el seudónimo de Espaldamaceta. El que piense que es demasiado poco, debería detenerse a escuchar Madera y poca luz, para darse cuenta de lo complejo que puede llegar A ser algo tan simple.


La misma canción que abre el LP es una declaración de principios, con un titulo incluso violentamente desasosegado, como Ahora que la mierda ya me llega hasta los ojos. Los primeros sonidos son los de una guitarra española, que con unos acordes muy simples y un ritmo constante, prepara el camino para la voz de Gonzáles. Una voz que acompaña a la perfección la melancolía de las letras y la guitarra, con un tono bien hispanico, con ecos lejanos de flamenco, que prácticamente llora las canciones. Para dejar clara esta influencia, incluso se da el gusto de cantar una canción típica catalana, como Cançó de bressol.

Una vez pautadas las reglas del disco con esa primera canción manifiesto, pocas cosas cambian a medida que se suceden los temas. Se acerca y se aleja por momentos de los sonidos netamente españoles, coqueteando con el estilo clásico de cantautor/trovador, pero sin caer nunca en los vicios dignos de ese género. A excepción tal vez de Las generaciones, una oda a las madres que a pesar de tener escondidas un par de metáforas más que agradables, es bastante cursi y hace sospechar un Edipo mal resuelto en Gonzáles. O Quise la revolución, una canción de protesta, escrita en un tono irónico, que trae recuerdos de Botas locas de Sui Generis.

Si algo puede criticársele a Espaldamaceta es lo cansadoras que pueden convertirse algunas composiciones, como No hay por qué sufrir tanto amor o Hay gente, que si bien mantienen el nivel poético, quizás incluso superando a las demás del disco, en la instrumentación pueden llegar a ser agobiantes de tan monótonas. Pero para rebatir esa critica están los temas como Evitarte para conservarte o Y no voy a darte mas (sin dudas el hit del disco) que sin dejar de lado la temática oscura y descorazonadora, presentan melodías mas amables, incluso pegadizas y contagiosas.

Cualquier otra cosa que se diga sobre este álbum sobraría, ya que habla por si mismo. Solamente queda recomendarlo para cuando se necesite una música sutil y tímida, que no violente los oídos. O para tirarse en la cama con los ojos cerrados, a escuchar lindas canciones para dejarse llevar por bellas letras.

17 de febrero de 2009

Un lindo video




La letra de la canción no tiene que ver demasiado con las imágenes del video, pero ambas son muy lindas. Los invitamos a disfrutar de La Mitad de Nuestras Vidas, de los españoles La Buena Vida

11 de febrero de 2009

Me darás mil hijos

Cuenta la leyenda que el cantante de The Killers trabajaba como cocinero en un restaurant de Las Vegas al que un buen día llegó Morrissey a almorzar. Maravillado por la presencia del astro de la melancolía, el por entonces proletario Brandon Flowers , no se animó a acercarse a su ídolo, pero no pudo evitar seguir con los ojos cada uno de sus movimientos mientras trabaja cortando pan con una enorme cuchilla. Se sabe que Morrissey es por demás aprensivo, y lejos de agradecer la muestra de admiración de su fan gastronómico, mandó a dos guardaespaldas a reprimirlo y huyó asustado del lugar, convencido en que un cocinero psicópata estaba afilando su arma para achurarlo. Años después Killers grabaron un cover de “Why don´t you find out for yourself” y Flowers se dió el gusto de homenajear al gran Mozz de una manera menos accidentada.

Muchos otros músicos admiran a Morrissey, pero esa influencia no se limita a la mera referencia o inspiración, sino que caminan en el peligroso borde de convertirse en bandas tributo al mancuniano más famoso. Hay muchas, pero hoy, De Filias y Fobias les pasa solamente algunas de muestra para que examinen, comparen y consuman a gusto. ¿Sabrán sus novias que escuchamos Morrissey?

1. Northern Portrait: Desde el lado nórdico de la vida, estos daneses se calzan los guantes blancos para ponerse bajo la advocación de Morrissey (miren la tapa de uno sus discos acá). Sin embargo sus dos EP The Fallen Aristocracy y Napoleón Sweetheart están bastante bien y merecen escucharse.



2. Math and Physics Club: en la lluviosa Seattle también le meten mano a Mozz. Mechados con un poco de Belle and Sebastian (a los que en este post les perdonamos la vida, pero…), los MPSC hacen canciones morrisonianas para enamorarse o escuchar un día de nublado.

3. The Lucksmiths: estos australianos hasta llevan la marca en el nombre. Nuestros amigos entran en la causística por la voz del cantante. A quien les hace acordar?

4. Bradford: chiste irónico de quien se mira demasiado al espejo, el propio Morrissey se volvió admirador de Bradford. Conocido por su narcisismo, Mozz no podía otra cosa que hacerse fan de alguno de sus propios clones. Magnánimo con sus Salieris, los llevó de teloneros de su primer gira solista y para un disco de lados B, grabó un cover de esta banda a la que le prestó su aterciopelada voz. Acá va la versión original:

Cats on fire: volvemos a las tierras cercanas al Polo y de ahí salen estos finlandeses que andan disfrazados de personajes de los videos de The Smiths y que tienen un cantante que emula en su tono al protagonista inspirador de este post.

6. Days: volvemos a Suecia para encontrar a estos que encuentran en el romanticismo agridulce su inspiración para sonar lo más parecido al mismísimo hombre de la cabeza grande y el jopo.

7. Popundre este es el caso más escandaloso. Si no fuera por el nombre raro y que su sello discográfico está domiciliado en Suecia, se podría decir que los mismísimos Smiths se volvieron a juntar en los 90 para hacer discos de menos calidad y cantados con una voz más pedorra. Escuchen si no me creen, escuchen un pedacito de canción acá

8. La buena vida: por último, una arbitrariedad: aunque los aires de esta banda de San Sebastián no son ajenos para nada al tema que nos ocupan, resultaría injusto acusarlos de “demasiada influencia”. Sin embargo, hay una perla en el álbum llamado precisamente “Álbum” que nos linkea directamente a The Smiths y acá se los dejo de despedida, además, porque está buena para escuchar:

4 de febrero de 2009

Si volviera el uno a uno....

En abril sin duda nos estaríamos tomando un avión para el Coachella. Miren el line-up....


3 de febrero de 2009

Sur o no sur


(Radio Ciudad Perdida, Daniel Alarcón. Ed. Alfaguara 2008) Suele decirse que al momento de leer una obra, hay que intentar dejar de lado los datos biográficos del autor, que el análisis debe hacerse siempre dentro del campo que delimita la propia obra.

En el caso de Radio ciudad perdida esto es sumamente difícil. Es complicado perder de vista la procedencia latinoamericana del escritor (es hijo de peruanos) y mas difícil aun es perder de vista el país donde creció y donde realiza su carrera, los Estados Unidos.

Mas allá de que evita nombrar el país donde transcurren los hechos, es evidente que estos están basados en las dictaduras latinoamericanas. Esta ambientada diez años después de finalizada una guerra entre el gobierno dictatorial y un grupo “terrorista” que se le opone. Norma, la protagonista de la novela, conduce un programa de radio donde ayuda a la gente a buscar a los desaparecidos por el conflicto, entre los que se encuentra su propio marido. Un día aparece un chico en la radio para entregarle una lista con los desaparecidos del pueblo de la selva al que pertenece y ella termina haciéndose cargo de èl. La lista va terminar siendo el detonante para que la protagonista retome la búsqueda de información sobre el destino su marido.

Durante toda la obra uno se pregunta qué tan fiel a la realidad quiso ser Daniel Alarcón en su novela. Por momentos se plantean ciertas hipérboles que hacen pensar que la realidad es solamente un pie para ficcionalizar. Pero en otros uno llega a pensar que realmente el libro esté planeado como una suerte de retrato de lo que significaron esos años en los países de Sudamérica, en especial en el Perú natal de Alarcón. Los agradecimientos finales, donde agradece la ayuda que le brindaron en “la investigación” que realizó para escribirla, vuelcan la balanza hacia la segunda opción.

Esto sería un aspecto menor, si la misma tensión que se refleja en su manera de ver la historia que cuenta, no se repitiera en su forma de contarla. El conflicto está retratado bajo una pretendida objetividad, pero detrás de esa objetividad se esconde un juicio de valor general sobre ambos “bandos” que coincide con la visión norteamericana: El gobierno es violento indiscriminadamente, y la oposición son simples terroristas sin un objetivo claro, más que el de generar terror. El pueblo no es más que una masa que lejos de entender y tomar partido en el conflicto, se deja llevar por el populismo.

Este marco general, en su simpleza, contrasta y distorsiona en parte la construcción de los protagonistas, que individualmente está muy bien lograda. Son personajes profundos y complejos. Su relación con el conflicto es ambivalente, guiada por los intereses y la perspectiva de cada uno.

Estructuralmente existe una puja similar entre simpleza y complejidad. Al leer un capítulo de forma aislada, uno se encuentra con una narrativa directa y sencilla., sumamente fácil de leer. Pero al poner en relación los capítulos unos con otros, sale a la luz un enlazado sumamente complejo. La perspectiva se mueve de un personaje a otro, avanzando y retrocediendo en el tiempo.

Alarcón realiza un juego de luces y sombras, dosificando la información que da sobre la historia de cada personaje, cuidando de revelar los datos de manera tal que uno se identifica a cada momento con un protagonista distinto. En determinados momentos de la novela aplica ese entrelazado dentro de un solo capitulo, mezclando dos escenas diferentes y generando una tensión sumamente envolvente.

La traducción de la obra es todo un mérito en si misma. A pesar de que el autor escribe en ingles, se vio involucrado activamente en el pasaje al español. Gracias a eso, lo que pudo haber sido un neutro pasaje de idioma, se transforma en toda una reescritura, que recupera expresiones y modismos de su país natal. La contratara de esta cuidada traducción, es la denigrante edición. Está minada de errores de tipeo, redacción y gramática, dignos de una mala edición pirata. Evidentemente nadie se tomó siquiera el trabajo de releerla antes de mandar a imprimir.
Daniel Alarcón, en Radio ciudad perdida muestra la esquizofrenia ideológica y literaria que se supone natural en un escritor que quiera abrirse paso en los Estados Unidos. Por su formación o por simple interés de satisfacer a sus eventuales lectores, a pesar de querer recuperar sus orígenes, termina reflejando una ideología simplista digna del país del norte. Literariamente, aunqye demuestra tener recursos suficientes, da la impresión de no haber podido (o querido) evitar cierto tufo “pasatista”. Principalmente en el desarrollo de la historia, que por momentos parece sacada del argumento de alguna novela de la tarde.

29 de enero de 2009

Hoy ya no soy yo

(United states of Tara, por ahora solo pirateado) Diablo Cody, la prostituta devenida a blooger y luego devenida a guionista de la película indie “Juno” y Steven Spielberg (cualquier presentación sobra) se asociaron para hacer juntos una tele comedia.

Tamaña exhibición de nombres hace que por lo menos le prestemos algo de atención a lo que estos dos tienen para ofrecer, que es, nada más ni nada menos, “United states of Tara”.

Llevan adelante la serie una mujer cuarentona, bastante chiruza (Toni Collete, la de "El casamiento de Muriel"), con dos hijos adolescentes y un marido bueno y que está bueno (John Corbett, Adam de "Sex and the city"). Pero la enumeración de los personajes no dice mucho hasta que no se conoce el conflicto: la madre de esta familia típica americana, ante cualquier situación de mediano stress, muta de personalidad, cual el increíble Hulk, y se convierte en otra persona, con sexo, edad, vestuario y nombre distinto.

En primer capítulo se puede ver a Tara, por ejemplo, volviéndose una adolescente bastante trolita y un símil camionero de Moyano. Por ahora, su familia acepta con bastante naturalidad el transformismo psicótico maternal, pero se sospecha que semejantes cambios van a traer problemas con el transcurrir del tiempo.

El piloto es bastante divertido y ya se pueden anotar como puntos a favor las buenas actuaciones, la profundidad de los perfiles en los personajes sobre todo de los chicos y los diálogos y afilados, marcas registradas de Diablo Cody. Ya veremos como continúa.

Para empezar acá y acá, de Filias y Fobias les deja los links para que bajen los dos primeros capítulos y acá los respectivos subtítulos en castellano, para que prueben ustedes mismos si alguna de las mil caras de Tara les cae simpática.

21 de enero de 2009

Cine con moraleja en el San Martín

Los que gustan de las películas de gente charlando, pueden darse una vuelta por la sala Leopoldo Lugones del San Martín. Desde el 21 de enero y hasta el 28, allí tiene lugar el ciclo "Rohmer, juegos de la seducción".

Aunque algunas de las películas ya se exhibieron en otros ciclos del Malba y del propio San Martín, esta edición trae dos novedades para quienes tienen más o menos vista la filmografía de Eric Rohmer: dos cortos nunca estrenados en nuestro país y un documental, suerte de making-of, de los Cuentos de Otoño.

"Charlotte y su filete" es la primera obra del francés, en la que una mina le histeriquea al mismísimo Jean-Luc Godard versión ultra púber, durante el tiempo en que tarda en cocinar y deglutirse una churrasco. El otro corto, "Nadja en París" es una suerte de guía turística de la bohemia parisina vista a través de los ojos de una servia.

Igualmente, y más allá de lo nuevo, conviene darle una repasada a la obra de esta figurita rara de la nouvelle vague gustoso de las encrucijadas entre el deseo y la culpa. Con los permisos de ocio que trae el verano, vale la pena por un rato dejarse enredar por los dilemas morales de sus protagonistas, volver a comer un polvorón con la panadera de Monceau o contener las ganas de pegarle un empujón al barbudo cuarentón, para que deje de mirarle la rodilla a la niña Clara y, de una vez por todas, sucumba al pecado y pase del vouyerismo a la acción.

(Para más datos burocráticos tales como nombres, direcciones y horarios, la programación completa, haciendo click acá)


17 de enero de 2009

mariolevrero.blogspot.com

(La novela luminosa, Mario Levrero. Ed. Mondadori 2008) Si es necesaria una prueba para incluir a Mario Levrero dentro del grupo de escritores uruguayos conocido como “los raros”, La novela luminosa es la oportunidad perfecta para encontrarla.

El primer síntoma de “rareza” que tiene este libro póstumo del uruguayo, es su historia. Levrero empezó a escribirla allá por los años ochenta, pero solo avanzo un par de capítulos antes de abandonarla. Hasta que en el 2000 decidió presentarla para una beca, que le permitió tener la comodidad económica para terminarla.

La primer parte del libro es una bitácora del año en el que estuvo becado para escribir esta obra. La segunda parte (un tercio del total de las páginas) es la Novela luminosa misma, que lejos de ser tal, es mas bien una suerte de ensayo autobiográfico. En él Mario Levrero nos cuenta distintas “experiencias luminosas” que lo hicieron conocer lo que el llama una nueva dimensión, y a largo plazo, creer en Dios.

Es en este punto donde viene a filtrarse el segundo síntoma raro del libro. Una descripción como la que se acaba de hacer, podría hacer pensar que esta bitácora del proceso de escritura es una suerte de relleno, un complemento accesorio o dicho malamente: un robo para sumar páginas. Pero en realidad es el centro del libro.

Poco o nada terminan importando las revelaciones místicas de Levrero. Lo que uno retiene al terminar la lectura son las pequeñas anécdotas, sumamente cotidianas y a priori intrascendentes, que minan la escritura del diario. Y no precisamente por la importancia de lo narrado, sino por el estilo que presenta este “otro” Levrero.

Seria un error limitarlo al concepto de diario. No es una escritura privada, apuntada hacia uno mismo. Es una escritura mucho más cercana –y adelantada- al concepto de blog. Una escritura personal, con cierta pretensión literaria, pero con una informalidad e inmediatez que logra que uno se identifique mucho más con el escritor.

Son crónicas sobre su día a día, con el proceso de autodisciplina que se impone para lograr la escritura de la novela como principal eje, pero no único. Varios hilos, pequeños cuentos, se van entretejiendo a lo largo del diario: la historia de una paloma muerta y su viuda en una terraza cercana a la ventana, el final de una relación amorosa o la simple (o no tanto) instalación de un aire acondicionado, por citar algunas.

Luego de la bitácora, comienza La novela luminosa propiamente dicha, que abandona la estructura de diario, pero mantiene el tono distendido y autobiográfico. Es un poco más irritante que la primer parte del libro, porque intenta muy solapadamente dejar una enseñanza. Como ironiza constantemente sobre esa misma intención, y mantiene el tono jocoso, se le podrían perdonar esos lapsus de viejo vizcacha.

De todas formas dentro de la novela propiamente dicha, hay otra subdivisión, al menos estilística. Esta generada por la brecha de escritura de 20 años entre los primeros y los últimos capítulos. Los primeros hacen recordar mucho mas al charrúa kafkiano de “La ciudad”, “El lugar” o “Aguas Saladores”. Es mucho más oscuro y pervertido. Las experiencias son truculentas, y muy ligadas al sexo.

En cambio, los dos últimos, escritos durante la beca, están mas próximos a la bitácora. Son directos y claros. Las anécdotas “luminosas“, lejos de ser sueños extraños, están compuestas por observaciones pacientes. Es prácticamente igual a la primera mitad del libro, salvo porque en esta oportunidad se centra alrededor de un solo tema, y evoca recuerdos exclusivamente de su pasado.

Pero mas allá que en lo estructuralmente extraño que llega a ser el libro, se vuelve muy fácil de leer gracias a la personalidad atrapante del propio Levrero. Sumamente querible y original en su forma de ver e interactuar con la realidad. Es bueno saber que la editorial Mondadori no solamente reedito este libro, sino que planea reeditar al menos dos mas. Para quienes hemos buscado hasta el cansancio en ferias algún ejemplar, esta noticia es una suerte de milagro.

12 de enero de 2009

Tristezas del cercano oriente


(El baño del Papa, César Charlone y Enrique Fernández) Es difícil hacer una película sobre un tema social sin caer en el sermón, ni en el panfleto ni en la mirada de antropológica condescendencia. El baño del Papa, la película dirigida por los uruguayos César Charlone y Enrique Fernández, logra poner el tema de la pobreza y la exclusión en un raro territorio a salvo de todos estos lugares comunes.

La historia es sencilla, en Melo, un pueblito pegado a la frontera brasilera que sobrevive del contrabando hormiga y poco más que eso, empiezan a llegar noticias de que el Papa, en su visita a Uruguay va a pasar por allí, y que se espera que lleguen 250 mil personas para el evento. Todo el pueblo proyecta hacer el gran negocio con la venta medallitas y banderas blanco-amarillas y por supuesto, prevé parvas de choripanes, empanadas, bebidas y otras comidas para alimentar a los fieles. Pero Beto, el ultra uruguayo protagonista, en un momento de iluminación, entiende que el negocio inexplorado está a la otro punta del recorrido digestivo y. que lo que verdaderamente va a sacarlo de la pobreza es instalar un baño y alquilarlo temporariamente para las urgencias de los peregrinos.

La historia, simple y despojada, está muy bien contada y la realización es excelente. La fotografía es de Charlone, quien desempeñó ese rol en Ciudad de Dios (por el que fue nominado a un Oscar) y también de las otras películas de Fernando Meirelles, productor asociado en esta película. El director aprovecha esa experiencia en mostrar bellamente lo feo y capitaliza inteligentemente las posibilidades de las tristes casitas de chapa, decoradas como se puede, y con ambientes divididos por telas, para interesantísimos juegos de texturas y luces que sorprenden para bien.

El Baño del Papa parece haber aprendido tanto las lecciones del Neorrealismo italiano como de las novelas picarescas del Siglo de Oro. De los primeros aprendió a contar una historia tan melodramática como humorística, que deja un gusto amargo pero que se permite la liviandad y el buen humor sin que esto sea un problema. De la picaresca, aprendió a construir personajes donde el sentido práctico se vuelve un recurso simpáticamente creativo y pero los expone a situaciones éticamente peligrosas. Lo que podría haber sido una fábula moral o un manifiesto sobre la dignidad del pobre, escapa en todo momento de lo esperable. Los personajes, aunque innegablemente entrañables, son complejos, con muchas capas, y de ninguna manera se ahorran oscuridades. La dupla de directores convocó a un pequeño elenco de actores profesionales y los hizo interactuar con lugareños de Melo. Las actuaciones de la familia protagónica son impecables y ayudan a explotar esta profundidad en el armado de los personajes, pero contrasta un poco con los personajes secundarios que, aparecen como simples roles un poco incompletos y, en ciertos casos, como en el del policía de aduana, un tanto estereotipado.

Con sus aciertos y sus debilidades, sin caer en un mensaje miserabilista y sin regodearse en el paisaje de la pobreza, El baño del papa elige contar una historia sobre gente, sobre mujeres de mate en mano y hombres de bigote reglamentario. Una historia sobre gente y los 15 minutos en que sueñan que pueden salvarse.

2 de enero de 2009

En la red ya estamos todos

No es un información que interese a mucha gente, pero se sabe que cierta parte del staff de De Filias y Fobias es confesa y consecuente fan del gran astro, nunca lo suficientemente reconocido, Lloyd Cole. Por eso, nos vemos en la obligación de dar cuenta, cual profetas de la Buena Noticia, de la aparición en el ciberespacio de la nueva página de internet del cantante inglés.
El bueno de Lloyd ya tiene on-line un producto ultra artesanal en el que muestra al universo, que se obstina en darle la espalda, su producción musical y su imagen de perfecto songwriter británico.

Además de conocer su discografía completa y de escuchar muchas de sus destacadas canciones, quienes hagan doble clic en el sencillo dominio http://www.lloydcole.com/ podrán ver fotos de Cole desde su más brillante juventud de rocker glam hasta sus actuales días de circunspecto cincuentón. Las fotos están cuidadosamente clasificadas por épocas, edades y cortes de pelo.

El cantante asegura que el contenido de la página fue producido personalmente, y que las fotos allí colgadas fueron extraídas de su archivo personal. También, devoto de la honestidad brutal, y siempre con la caballerosidad que lo caracteriza, Lloyd pide disculpas por las imperfecciones técnicas que puedan tener las imágenes escanéadas a mano y por algunas huellas digitales que quedaron marcadas, las que autoriza, a quien sepa hacerlo, a sacar mediante el arte del photoshop.
Sin embargo, el contenido más jugoso de su página es el weblog. Allí en la sección “Ask Lloyd” los fans de todo el mundo pueden plantearle sus dudas existenciales y obtener una respuesta rápida y segura del ídolo. También, en otras partes, Cole comparte con el público recomendaciones gastronómicas, literarias y musicales de experiencias que recoge en sus interminables giras alrededor de Europa y Estados Unidos (nunca Argentina, por supuesto).

En definitiva, quienes deseen darse una zambullida de principio de año en el sofisticado mundo de este artista de culto, péguense una visita por su sitio web y síganlo, que, les aseguramos, Lloyd Cole no los va a defraudar.

28 de diciembre de 2008

Navidad nacional y popular



(se agradece el hallazgo a Fede)

22 de diciembre de 2008

Aunque nadie nos quiera, siempre quedará Paris...


Algunos lo estábamos esperando con impaciencia y finalmente llegó: el primer adelanto de lo que en febrero será "Years of refusal", el nuevo disco del viejo Morrissey.

Hoy mismo se escuchó por primera vez en la radio inglesa y, por obra y gracia de la piratería, ya lo podemos colgar en De Filias y Fobias para que los amantes del gran Mozz vayan paladeando lo que se viene.

Tras la explosión hormonal de su anterior disco, Morrissey vuelve a sentirse triste y solitario, por eso decide abrazar a París, porque, según dice, solamente el acero y la piedra de esa ciudad aceptan su amor...

No agradezcan, solamente disfruten de esta bella canción....

8 de diciembre de 2008

El disco del desasosiego

(Manifiesto Desastre, Nacho Vegas) Después de varios experimentos, algunos más afortunados que otros, Nacho volvió a las fuentes y se despachó con una obra cien por cien Vegas. Lo que significa que estamos en presencia de un disco oscuro, áspero, y visceral como los de antaño.

Los intentos de ampliar fronteras grabando un CD con Bunbury –que sólo conformaba a los seguidores de Vegas precisamente en aquellas canciones donde él tomó la batuta- o Christina Rosenvinge –más breve, con más protagonismo de Vegas, por lo tanto más convincente- parecieran no haber resultado del todo exitosos, porque acto seguido sacó el hermético Lucas XV, con canciones autóctonas de su tierra, solamente escuchable para gente de buena voluntad.

Después se tomó un respiro editando un merecido grandes éxitos, y ahora volvió a la creación con un disco clásico de él, pero quizás un poco más directo y literal que de costumbre. Por momentos se aparta de las grandes fábulas e historias que suele contar en sus canciones, volcándose hacia un registro autobiográfico, que paradójicamente suena mucho más tremendo que la más dantesca de sus antiguas narraciones.

Musicalmente no presenta mayores novedades, a no ser por una mayor nitidez y prolijidad, herencia de los trabajos con Bunbury y Rosenvinge. De todas formas lo que predomina es el sonido rugoso y cargado que siempre caracterizó los trabajos de Nacho.

También están los famosos temas “excepción”, como Detener el tiempo o Crujidos, donde sin dejar las letras oscuras, elige un sonido más amable, casi hitero y pegadizo, que puede hacer que en un descuido se termine cantando barbaridades mientras se camina por la calle. Si uno se deja llevar, puede oírse vociferar “Siempre nos quedara, dry martín y sexo anal” (el estribillo de la canción de difusión del disco, Dry martín SA) lo cual no queda precisamente bien.

Pero la mayoría son canciones kafkianas en el clima, como Tercer día o Monduber. El caso más paradigmático es el tema que cierra el disco, Morir o matar, con casi seis minutos de una letra prácticamente recitada con un ritmo minúsculo, e instrumentación mínima, que solo en algunos momentos concretos se vuelve más intensa y le da un tufo pesadillezco que acompaña perfectamente la oscuridad de la letra. Mención aparte merece la canción En lugar del amor: una ranchera escrita “a dúo” entre Nacho Vegas y Fernando Pessoa (algunos versos de la canción están sacados de poesías del poeta portugués).

Puede que no sea su mejor disco, pero “Manifiesto Desastre” seguramente va a terminar muy bien posicionado en su discografía. Lo único que podría criticársele es lo cerrado de su música. Nacho Vegas es uno de esos músicos que encantan o repugnan. Su sonido, sus letras, no son para cualquier oído. Puede resultar asfixiante, e incluso molesto su fatalismo dependiendo de quien lo escuche. Lo que si es claro es que no es un músico de primera oída. Quienes no lo conozcan deberían darle un tiempo, y las escuchadas suficientes como para asimilar el registro musical y literario en el que se mueve el músico asturiano.

Los seguidores de Nacho, sin embargo, seguramente van a mostrarse agradecidos de volver a escucharlo en estado puro: sin diluirse con otros músicos ni esconderse tras el rol de simple intérprete.

Para muestra sobra un boton...

2 de diciembre de 2008

Teatro ahí nomás

(Berestowoik, Walter Jakob y Carolina Zaccagnini, teatro El Silencio de las Negras) Una obra de teatro que te encierra en una sala de 3x3 con otras 20 personas, actores incluidos. No apta para claustrofóbicos, Berestowoik convierte a los espectadores más que nunca en una cuarta pared, pero con ojos, narices y contorno 3D. Propone ser la mampostería chusma de la casa en que tres hombres se amontonan y, como nosotros, meten las narices en las vidas de los que tienen al lado, muy cerca.

Los Berestowoik son familia servio-argentina, solamente de varones, formada por un tío jugador compulsivo, y dos sobrinos: un enamorado de folletín y un bailarín reprimido que los cuida a todos. En algún momento aparece un terapeuta de jugadores anónimos que interviene en la dinámica familiar y la desordena un poco. No más que eso, esa es la historia.

Todo es ordinario (de común, no de grasa, eh), y también los es el registro de los actores (Marcelo Mariño, Luis Aponte, Walter Jakob y Horacio Marassi) que no tienen la tonalidad clásica teatral que tanto cuesta asimilar a los que no somos asiduos espectadores de esta disciplina. Allí todo es de entrecasa y la forma de decir también.

Aunque no es aburrida, en la obra en realidad no pasan grandes cosas, o si suceden, ocurren en otros lugares que tenemos que imaginar por los dichos de los protagonistas o por sonidos lejanos. Lo que si se nos muestra son actos cotidianos, donde con pequeños gestos, los hombres que viven en esa habitación delatan sus sentimientos y sus cambios existenciales.

El hallazgo de Berestowoik consiste precisamente en el aprovechamiento de la limitación espacial, que obliga al espectador a una inclusión casi impúdica en la escena. Los olores de la comida, desodorantes y medicinas invaden la sala e incluyen sensitivamente a protagonistas y público que en su totalidad forman parte de la puesta.

También tenemos a centímetros los cambios de ropa y de estado de ánimo de la familia, todos estamos expuestos a una intervención involuntaria, aunque más no sea con un estornudo o una respiración demasiado fuerte. Atrapados en la suerte de los que encarnan la historia, se nos encerró en su misma escenografía de todos los días, junto a la repisa, el teléfono, y el grabador con casetes de Beto Orlando y Las Primas.

Por último, un consejo: aunque recomendamos ver Berestowoik, elijan para ir un día en que no haga demasiado calor, la fórmula de amontonamiento teatral puede ser muy efectiva artísticamente, pero puede ser letal en circunstancias donde las altas temperaturas hacen que estar cerca no sea muy bueno.

29 de noviembre de 2008

El gran galán de este muy feliz cumpleaños

(Festejo de los diez años solista de Francisco Bochatón, en vivo en Niceto, 28 de noviembre de 2008) La propuesta era tan prometedora como atemorizante: Francisco Bochatón festejando sus diez años como solista con un recital en Niceto. Si se tenía en cuenta que en sus últimos shows venía haciendo equilibrio sobre la delgada línea del ridículo (o cayendo directamente en él) por su dudoso estado de sobriedad, en esta ocasión, en la que tenía una buena excusa para entregarse a los excesos, todo podía terminar en un desastre.

Sin embargo, “De Filias y Fobias” tenía que estar presente en dicho acontecimiento, al igual que tantos otros fieles seguidores de Bochatón. Porque cada cual tiene los ídolos que se merece. Y con quién nos sentiríamos mas identificados que con un anti-héroe como Francisco, que sube al escenario y nos hace ver cómo podríamos ser cualquiera de nosotros si estuviéramos en uno. Y si tuviéramos talento, claro esta.

El fracaso se hacia temer también al llegar al lugar, por la escasa cantidad de gente en la pista esperando desde las veintiún horas el inicio del recital, tal como estaba pautado. Pero a medida que avanzaba el tiempo, el público fue llegando y a las veintidós y tantas, cuando Bochatón subió al escenario, la cantidad de asistentes ya era considerable. Primera prueba superada.

El recital empezó titubeante, los primeros acordes no sonaban del todo bien, Francisco tampoco y sus intentos de jugar con el público haciéndolo cantar fracasaban rotundamente. Porque si bien sus indulgentes fans, hacen oídos sordos (literalmente) a sus pifies instrumentales y vocales, también lo hacen frente a cualquier pedido de demostración tribunera.

A medida que avanzaba la noche, el repertorio elegido por el ex Peligrosos Gorriones fue levantando a la gente y tapando las posibles imperfecciones con potencia. Canciones dignas de un festejo, para saltar y gritar, como “El gusano”, “Estacas” o “El gorila”, junto con versiones aceleradas y roqueritas de temas como “Tu voz se va” o “Te amo”, lograron que el público bochatoniano, generalmente apático, terminara saltando y coreando las letras, a un punto que ni el mismo Francisco parecía creerlo.

Los ya casi (¿tristemente?) famosos monólogos no podían faltar. Preguntando si alguien había llevado flores o una torta para regalarle por su cumpleaños, repitiendo una y otra vez que era una fiesta, y filosofando sobre su identidad como poeta, generaba respuestas efusivas de la gente, que hasta incluso le improvisó un feliz cumpleaños. Pero su stand up en esta ocasión se limitó a eso. Quizás por el hecho de haber brindado solo con agua mineral (al menos en el escenario) o porque estaba demasiado distraído disfrutando la respuesta del público a cada mínima invitación suya.

La noche subió de temperatura y calidad de canción en canción, a tal punto que hacia el final de la noche, la gente terminó coreando y haciendo pogo de una forma que, suponemos, Bochatón no habrá visto desde sus viejos tiempos con los Peligrosos Gorriones.

Tal vez en eso haya contribuido que cuatro de los últimos temas hayan sido clásicos gorrioneros como “Amo el Jardín”, “Siempre Acampa”, “Por tres monedas” o “Manicomio gris”.

La noche prometía tanto como lo que amenazaba. Por suerte los temores resultaron infundados y las promesas fueron cumplidas una por una. Tanto es asi que este recital podría ubicarse entre los mejores de los diez años de Bochatón como solista. Solamente le faltó una mayor cantidad de los temas “delicados”, pero se perdona porque era un cumpleaños y no podía andar deprimiéndose.
Una imagen vale mas que mil palabras






"Por tres monedas" Una demostración de la efusividad de la gente en el festejo, y una prueba de que uno se parece a sus ídolos: Si Bochatón desafina, la gente lo hace aún más.




"La Calle" Con Francisco y su verborragia a flor de piel.

26 de noviembre de 2008

Memorias del XXIII Festival de Cine de Mar del Plata



El peligroso camino hacia la belleza
Ashes of time Redux. Wong Kar-Wai (1994-2008)
Dicen que esta película le quitaba el sueño a Wong Kar-Wai. Dicen que desde que filmó la primera versión (al mismo tiempo que filmaba la impecable Chunging Express) nunca había quedado conforme, dicen que no le bastó con extender la filmación hasta lo intolerable (como de costumbre) ni con torturar a sus actores de siempre (como de costumbre, también). Dijo -él mismo al presentarla en Cannes- que ahora el público está preparado para verse una de samurais como dios manda y que era momento de dársela. Entonces el Sr. Wong se tomo el trabajo de filmar un par de escenas otra vez, de volver a editar algunos pasajes demasiado largos, cambiarle la banda de sonido y sacar a la luz otra vez la más desconocida de sus producciones.

No se puede decir que Ashes of time Redux sea una mala película, quizá sea más exacto decir que es demasiado buena. La historia legendaria de un asesino a sueldo a la oriental, a pesar de las catanas, las pelucas y los trajes de época conserva todas las marcas de las películas de WKW: la tortuosa historia de amor casi imposible- casi-, las tres o cuatro historias que se cruzan, las tomas enmarcadas que te hacen sentir como un espía, los objetos tratados temerariamente como si fueran actores y el uso antinaturalista de la cámara lenta y del ultra personal ralentine (que acá hace increíblemente interesante cada escena de lucha). Pero, a pesar de eso, o tal vez a causa de todo eso, la sensación que se tiene al ver la versión final de esta película de WKW es que no supo bien cuándo detenerse.
Nadie que guste de las películas de este director ignora que el camino hacia la estilización, el purismo de la imagen y el preciosismo obsesivo se venía tranformado en un viaje sin regreso. La aceleración un poco violenta de Fallen Angels y Chunging Express fue mutando a partir de Days of Being Wild y Happy Together a un trato obsesivo de la imagen y del guión que encontró su “punto caramelo” en In the Mood of Love, pero que ya se ubicaba en el límite de lo tolerable en 2046. El salto en el gran mercado hollywodense con My Blueberry nigths pareció desconcentrarlo – preocupado por armar ese monstruo con cara de comedia de Meg Ryan y cuerpo de cine de autor-. Pero, evidentemente, en su interior sospechaba que se podía llegar más lejos, y se sacó el gusto. Ashes of time Redux tiene el problema de estar demasiado bien filmada. En cada toma, la luz, la cámara, los colores, la fotografía parececen haber sido meditadas para cortar la respiración. Cada escena es voluntariamente una demostración de lo que puede la dupla WKW-Chris Doyle. Pero el resultado final termina pareciendo un catálogo de recursos estéticos (un catálogo pretencioso) que, lejos de conmover, satura, cansa y decididamente aburre.
Dicen que Paul Valery dijo que un poema no sé termina, se abandona. Después de ver esta “nueva” película de quien supo ser uno de los directores más interesantes del momento, no se puede evitar pensar que alguien - algún amigo bien intencionado- tendría que haberle soplado al oído ; “Che, Kar-Wai, no la toques más, dejala como está...”.

http://www.sonyclassics.com/ashesoftimeredux/trailer.html

24 de noviembre de 2008

Para pasar el calor

El calor se nos vino encima, ya no hay qué pueda evitarlo.... el famoso bochorno invade la ciudad y no queda otra que remarla lo mejor posible.

Con ese fin, el personal de De Filias y Fobias acerca hasta ustedes esta bonita canción de Jakobo, especial para escuchar con una copa de algo fresco en mano y ver el sol caer...

Disfruten, ardientes lectores de "Costa Rica" de Jakob Dylan....

11 de noviembre de 2008

El jueves vuelve House

Usted mencionó que cuando pensó en House, una de las influencias fue Sherlock Holmes, porque su personaje era un “detective médico”.
–Sí, esa era una de mis respuestas al principio, porque sentía que House era un personaje con muchas facetas. Para mí, Sherlock Holmes es uno de los iconos más grandes entre los personajes de ficción. Lo que más me gusta de él es que lo único que le importa es descubrir la verdad, con un enfoque frío y analítico que me parece muy interesante y que no he visto demasiado. Además está el hecho de que vivimos en una sociedad donde parece haber una batalla entre emoción e intelecto y que solemos inclinarnos por la emoción. Creo que a veces nos quedamos cortos con el intelecto. Y House ciertamente siente eso. Así que hemos hecho algunos guiños aquí y allá. El hecho de que House consuma drogas fue más una coincidencia, pero Holmes suena como “home” (hogar) y nuestro personaje es House (casa)... Su mejor amigo es Wilson, en lugar de Watson. Esos guiños son más para divertirnos que otra cosa, pero Sherlock Holmes sí fue una inspiración.
(David Share, creador de la serie)

10 de noviembre de 2008

Mucho, de todo


(Historias Extraordinarias. Mariano Llinás) Mariano Llinás anda zarpado. Su película, “Historias Extraordinarias” se despreocupa de todas las convenciones con las que nos sentamos habitualmente a ver cine, se burla de todas ellas y las deja de lado.

El primer gran desafío es el tiempo: el film dura más de cuatro horas. En las proyecciones que por estos días en el Malba, el propio director recibe a los espectadores y los advierte sobre la peculiaridad temporal. Inmediatamente proporciona unos cuantos datos duros y consejos para sobrellevar la aventura de pasarse tanto rato en el cine. H. E. está dividida en 18 capítulos (numeración práctica que le da seguridad de finitud al que siente que está viendo la remake de La Historia sin fin) y cuenta con dos intervalos para estirar las piernas y acudir a los lugares excusados. El mismo maestro de ceremonias también tira data sobre la dirección del kiosco más cercano donde los espectadores pueden hacerse de provisiones para no sucumbir de inanición antes del final.

La segunda es el uso, como principal herramienta narrativa, de la voz en off. Todos crecimos bajo el axioma que rezaba que si un cineasta tiene que echar mano a la voz en off es que no sabe filmar. Bueno, a Llinás le importa muy poco el principio y hace que el impulso de la película caiga en tres narradores. La mayoría de los diálogos, y casi toda la información necesaria para entender lo que sucede, tienen lugar en una suerte de fuera de campo visual y son confiadas a la palabra de los locutores. Las narraciones son las que le dan ritmo, nos ubican temporalmente, y funcionan como personajes omniscientes que nos cuentan lo que pasó, lo que va pasar e, incluso, lo que nunca pasará.

La tercera y última, es la desmesura, la desproporción, en el afán de contar historias. Parece que a Llinás no le alcanza la película para contar todo lo que quiere contar. Si bien hay tres historias principales que estructuran el film, estas se abren caprichosas en otras muchas otras, se dispersan y vuelven a su cause para después perderse. Desde los pueblos provincianos argentinos hasta Bombay o Alemania, nada es ajeno a la película, que demuestra que hasta en los lugares màs rutinarios o aburridos pueden suceder historias extraordinarias. Durante las cuatro horas, tramas complejas e historias mínimas conviven y se entremezclan, se viaja por sitios donde pasa mucho y otros en los que no pasa casi nada. En este punto, la obra a veces tira un poco demasiado de la cuerda y en cierto modo perjudica la solución del final (o los finales) porque se contó tanto, que el mira siente que la película podría tranquilamente continuar, y cualquier fin se vuelve artificial, casi una traición a su propia naturaleza.

Hay muchas otras cosas que deberían decirse de Historias Extraordinarias, pero se corre el peligro de caer en su mismo desborde de extensión, y los asientos frente a sus pc no son tan cómodos como los del malba. Basta con decir que es una película gallita, que provoca y que somete a prueba al que la ve y que vale la pena por cuatro horas de un domingo, ir y ponerle el pecho.

6 de octubre de 2008

Luna creciente para estrella gigante


Andrés Calamaro, Club Ciudad, 05/10/08

9 de septiembre de 2008

Pibe chorro (o "Un ladrón de guante negro")

("1810: La revolucion vivida por los negros", Washington Cucurto, Ed. Emece.) “Que hablen de mí, aunque sea para destrozarme”. Esa parecería ser la premisa fundamental que guía la obra de Santiago Vega, cuando se pone tras la máscara de Washington Cucurto. Un fenómeno bastante particular. Para algunos solamente un gran vendedor de humo, para otros uno de los pocos escritores realmente revolucionarios de la narrativa argentina.

Para entenderlo quizás serviría una comparación con “la cumbia villera”. La gente que consume ese estilo de música, ante cualquier planteo que busque poner en duda su calidad, contesta que no es “calidad” lo que buscan, sino diversión. Algunos, van mas allá con la defensa, y plantean que es un género que hace eco de una cultura diferente, normalmente excluída de la sociedad. Esos mismos argumentos son los que suelen encontrarse en los defensores de la literatura de Santiago Vega.

Las similitudes entre ambos estilos son muchas. Comparten el mismo registro de palabras y el mismo imaginario (mujeres como objeto sexual, el protagonista como una suerte de sex machine, la cumbia como puerta a la felicidad, entre otras cosas). También el estilo de humor es similar, siempre optando por el chiste fácil.

Incluso en la forma de presentar la “crítica social” ambos estilos son parecidos. Una especie de bombardeo de lugares comunes, sin demasiada elaboración ni pretensión más allá de decir lo que todo el mundo sabe. Podría interpretarse esto último como parodia, apelando a la imagen del “cabeza”. Pero eso dejaría sin argumentos a quienes ponen a Vega en el rol de portavoz de los “marginados”, y lo volvería un simple escritor humorístico que repite una y otra vez el mismo prejuicio.

Pero la comparación se trunca en el momento en el que los libros de Washington Cucurto, a diferencia de “la cumbia villera”, no son consumidos por la clase social de la que supuestamente se hacen eco. Es probablemente mas fácil encontrar un léctor suyo en la zona de Palermo Viejo que en el Gran Buenos Aires.

Pero aun aceptando las virtudes que suelen atribuírsele, se hacia evidente que su obra estaba cayendo en la repetición. Al insistir siempre con el mismo “chiste”, empezó también a perder lo divertido. Lo novedoso de sus cuentos, poesías y novelas ya estaba dejando de ser tal, desde el momento en el que todas ellas giraban alrededor del mismo tópico.

Es por eso que la primera sensación que uno tiene cuando lee “1810, la revolución vivida por los negros”, es que se trata de un intento de Cucurto de darle aire fresco a su obra.

El libro se abre con un prólogo ficcional, sumamente irónico, en el que Santiago Vega le propone a Cucurto reescribir la historia para revolucionarla, al igual que revolucionó la literatura. En él no deja pasar la oportunidad para, de paso, soltar algunos palazos contra el canon y la crítica adversa a sus obras.

Finalizado el prólogo esboza una suerte de manifiesto “cumbiantero”, donde repite más o menos lo mismo que puede leerse en cualquiera de sus otros libros, y recién entonces empieza el libro en si.

Argumentalmente, la historia plantea que la familia Cucurto es en realidad descendiente de un hijo ilegítimo de San Martín. A partir de esa premisa se arma una reescritura del periodo de independencia del país.

Obviamente se trata de un libro auto-paródico, donde no solo no se pretende ningún tipo de factibilidad histórica, sino que también abundan los chistes anacrónicos, con hechos de la realidad actual. Los soldados de la revolución son esclavos traídos de África, que disfrutan de una música antecesora de la cumbia, fumando una hierba traída de África (antecesora de la marihuana), y pasan el tiempo montando enormes orgías.

En el caso de que uno no se haya visto abandonado por el deseo de leer el libro después de ver la tapa (Vega disfrazado de San Martín con un traje en tonos rosas), leyendo el prólogo quizás podría tentarse ante lo supuestamente original de la propuesta. Pero la realidad es que la originalidad no pasa de ser un espejismo.

Lejos de encontrar la visión “cucurtiana” de la revolución, lo que uno encuentra es exactamente lo mismo que en otros libros de Vega, con cambios sutiles en los sustantivos. La originalidad por momentos parece limitarse a hacerle decir a San Martín lo mismas palabras que en otros libros dice Cucurto, o cambiarle levemente el nombre a la cumbia o la marihuana.

Una vez despojado del rol de portavoz de la clase popular, a Santiago Vega solo le queda su mote de revolucionario u original para defender su obra. Pero esa característica la esta perdiendo lentamente al copiarse una y otra vez a si mismo.

El único punto de vista bajo el que se le podría encontrar una virtud a “1810: La revolución vivida por los negros”, es el de una suerte de manifiesto en contra del canon. Una burla a si mismo y a la vez al mercado editorial, al publicar en Emece una novela que parece escrita en una noche, bajo los efectos lapidarios de alguna sustancia tóxica.

Pero al finalizar el libro y meditar sobre los treinta y ocho pesos que uno tuvo que pagar para leerlo, más bien lo que se siente es que la burla fue contra uno mismo.


30 de agosto de 2008

Musica de fondo para cualquier fiesta limada (o "En la variedad esta la diversion")

Diez discos, mis diez discos preferidos. Pauta que podría reescribirse como “los diez discos que te llevarías a una isla desierta” o “los diez discos que elegirías si solo pudieras escuchar diez en toda tu vida”.
Como ya mis compañeras se esforzaron en hacer notar, los criterios para elegirlos pueden ser miles, pero todos ellos tendrán un factor común: el capricho.
Yo, el criterio que elegí es simplemente los discos que más veces y con más disfrute he escuchado. He ignorado lo que a lo mejor es el criterio más importante, es decir, la vigencia a través de los años.
Algunos de estos discos no los escucharía en este momento, pero en determinado momento de mi vida los he gastado hasta el infinito. De hecho, quizás por eso no los escucharía ahora.
Podría escribir tres páginas justificándome, pero dejémoslo así, y pasemos a la justificación individual de cada elección. Van en orden de preferencia, de menor a mayor.


11 (para no ser menos). ENEMIGOS INTIMOS (JOAQUIN SABINA – FITO PAEZ)


La poesía de Sabina – no la mejor, pero suya al fin-, más la maquina de hacer hits de Fito Páez -quizás el único talento que aún conserva. No esta lo mejor de ninguno de los dos en este disco, pero la mezcla les salió perfecta. He puesto repeat de lo lindo con él, y he puteado muchísimo porque no hubo presentación en vivo.



10. EL AMOR DESPUES DEL AMOR (FITO PAEZ) Si, Fito esta dos veces en la lista de mis preferidos, ¿y qué? Cuando escribí que había algunos que seguramente ahora no escucharía, juro que era este disco el que tenía en la cabeza. Pero no llego a tener claro si es porque las canciones quedaron viejas o porque como tiene tantos “hits”, ya están todos absolutamente quemados. Lo que si se es que en su momento le saque el lustre de lo lindo a este CD, el primero que habitó en mi casa con ese formato. Ni hace falta nombrar las canciones, todos las conocemos.




9. FIN DE SEMANA SALVAJE (LOS BRUJOS)
Pocos discos me divirtieron, me divierten y me divertirán tanto como este de Los Brujos. Es el himno al quilombo. "Kanishka", "La canción del Cronopio", "No te dejes caer". Quizás podemos dudar de su calidad (no estoy seguro), pero imposible no ponerse a saltar escuchándolos.



8. TANGO 4 (CHARLY GARCIA – PEDRO AZNAR)
Seru Giran pero con Charly en su mejor momento, Pedro Aznar más maduro después de su viaje a Estados Unidos y sin la grasa de David Lebon, que aporta a este disco lo mejor de si mismo, es decir, su ausencia.
Es uno de esos discos que no escucharía en este momento, pero forma parte de mi infancia tanto como los ThunderCats e Indiana Jones. Además, tiene entre su repertorio una improvisación como “Mala Señal”, merece ser incluído en esta lista.


7. ALTA SUCIEDAD (ANDRES CALAMARO) La cima antes de la bajada. El mejor Calamaro por donde se lo mire, más prolijo, mejores letras, sus mayores hits. Canciones para todos los gustos, desde hits con letras pegadizas y tontas, hasta baladas tristes con letras cuidadas.



6. AUTOCHOCADOR (JAIME SIN TIERRA) El disco por excelencia de mi adolescencia. Y como la adolescencia es sobre todas las cosas sufrimiento, es imposible que su disco emblemático no sea este. Doce canciones para cantar a los gritos como terapia para el mal de amores, o cualquier tipo de mal. La música de fondo para cualquier depresión profunda. Autochocador, Torta, Ping!, todas cortinas de algún sufrimiento lejano.


5. MIEDO AL ZUMBIDO DE LOS MOSQUITOS (NACHO VEGAS)
Si Jaime Sin Tierra es sinonimo de depresion adolescente, Nacho Vegas es el amo y señor de la depresion adulta. Y este EP es la mejor prueba de eso: Abre con "En La Sed Mortal", el gran manifiesto de Vegas, y cierra con "Brujita", donde muestra que ser un drogado suicida no significa que no se puede ser tambien un poco tierno.


4. PINTAME LOS LABIOS (FRANCISCO BOCHATON) Un disco redondito. Después de la furia claustrofobica de "Cazuela", Bochaton se despacho con este EP donde no sobra absolutamente ningún tema. Si a eso le sumamos el trabajo de depuración que hizo Cerati con el sonido, el resultado es obvio. Repeat loco durante horas. “22:33”, “Pinamar”, “Puerto Amar”, las mejores canciones de la carrera del amigo Bochaton.


3. Piano (Daniel Melero) La perfección hecha disco. Alguien podría decirme que es trampa, porque es en realidad una suerte de “grandes éxitos”. Pero muchas de las versiones de este disco son parientes lejanas de las versiones originales. Si Melero se dedicara a sacar más discos como este y rompiera menos con la electrónica, muchos nos sentiríamos agradecidos.

2. ARTAUD (PESCADO RABIOSO) Disco que jamás me cansare de oír. Ya supero los treinta años y si lo sacara una banda hoy por hoy seria elogiada por su actualidad y calidad. Lo mejor de Spinetta, y sin el factor somnífero que atenta contra la mayoría de sus trabajos. “Todas las hojas son del viento”, “Bajan”, “Cementerio club”, “Las cantatas de los puentes amarillos”, y “Por”, quizás la mejor letra de la historia del rock nacional. Imposible no enviciarse con este disco.



1.FOLD YOUR HANDS CHILD, YOU WALK LIKE A PEASANT (BELLE & SEBASTIAN) Mi disco preferido, de mi banda preferida. Me acuerdo cuando los conocí, baje “The Wrong Girl” de internet. Acto seguido y sin más preámbulo baje toda la discografía. Y fui escuchando tema por tema, disco por disco, sin desilusionarme jamás. Salvo quizás por el último disco. De todas formas, si es difícil encontrar una canción de ellos que no me guste, hay que estar seguro que no es en este disco donde se va a lograr. “I fought in a war”, “The chalet lines”, “Family tree”, y el ya nombrado “The wrong girl”, todas canciones dignas de figurar en un top ten de mis canciones preferidas.